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José Martí:
contra dólar y cañón
PUBLICADO: 21/06/10
Por María Luisa García Moreno
Ilustración: Saroal
Cuanto has visto en las películas de Elpidio Valdés es realidad: por su posición geográfica Cuba fue siempre para Estados Unidos una apetecida fruta. Pero mientras se fortalecía como nación, la cúspide gobernante de ese país desarrolló la política de la fruta madura: mientras maduraban las condiciones para apropiarse de Cuba, prefería verla en manos de España, potencia que ya declinaba y no sería un obstáculo.
Estados Unidos incentivó el anexionismo e intensificó la penetración económica para lograr la dependencia económica norteamericana. A la vez, eludía un enfrentamiento bélico directo, que afectaría su desarrollo. Por ello, colaboró con España en materia de espionaje; por supuesto, en la medida de sus conveniencias, porque bien se callaban las conspiraciones anexionistas. Ese espionaje se intensificó al comenzar nuestras guerras libertarias y condicionó la hostilidad norteamericana, que se evidenció en la constante persecución de las expediciones mambisas bajo una máscara de aparente neutralidad.
De ahí que el Partido Revolucionario Cubano (PRC) creado por Martí desarrollaba su actividad en dos esferas: una pública y otra secreta, referente a la guerra.
Una titánica labor realizó el Apóstol para alzar la guerra; pero, además, creó un fuerte aparato conspirativo en cada provincia, severas medidas de compartimentación y una estructura piramidal: solo los jefes conocían a los integrantes de las filas.
Luego de la fundación del PRC, la inteligencia española, para minar la unidad desató una campaña de mentiras: el propio Martí fue víctima de ello: se le acusaba de lucrar con los fondos del Partido y de no haber participado en la Guerra Grande, calumnias que fueron oídas por algunos cubanos; pero la sagacidad y ética de nuestro Héroe Nacional le permitieron salir airoso. También Patria fue tribuna contra el espionaje.
Se enviaron agentes clandestinos a Cuba en busca de información y para dar a conocer las tareas que realizaba el Partido y la ayuda que podía brindar.
Incluso, el fracaso del Plan Fernandina evidencia la habilidad conspirativa de José Martí, pues tras la indiscreción —¿o traición?— de uno de los implicados logró una rápida recuperación. Este incidente, aunque impidió la sorpresa y obstaculizó el desarrollo de una guerra breve, no amilanó el espíritu de los cubanos y dio a conocer, tanto en la emigración como en la Isla, el esfuerzo que de manera callada realizaban el PRC y su Delegado en la preparación de la guerra. También los españoles se sorprendieron al comprobar cómo Martí había burlado el aparato de espionaje de ambas potencias. El Delegado era vigilado por las agencias Pinkerton's Nacional Detective Agency y Davie's Detective Agency:
Martí desaparecía, como por arte de magia del control de los Pinkerton, unas veces usando nombres supuestos, otras cambiando de domicilio, de ciudad. Después de los sucesos de la Fernandina marchó a Santo Domingo; los Pinkerton, desinformados, comunicaron al cónsul de España en Nueva York: Martí […] debe estar a esta fecha por Santiago de Cuba, internado en Sierra Turquino.1
Otros ejemplos de su labor conspirativa fueron el hábil empleo de claves, como la Habana, usada para la comunicación con Juan Gualberto Gómez; así como la creación de la Agencia General Revolucionaria, dirigida por José de Jesús Candelario Pons, el agente general Luis, y la Junta Revolucionaria de La Habana, dirigida por Perfecto Lacoste, centros de apoyo e información para el movimiento insurrecto: Agente General Luis: Al fin felicito a Vd. por la fundación de la Agencia General Revolucionaria en esta ciudad. Vuestra obra de organización ha quedado perfecta de S. Antonio a Maisí. 2
También en el terreno de la inteligencia y la contrainteligencia, nuestro Héroe Nacional supo luchar brillantemente contra el espionaje español y norteamericano, y garantizar la información militar y política necesaria a los planes de la revolución.
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