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19 de mayo: 115 aniversario de la caída en combate de José Martí


¡El alma del levantamiento!

PUBLICADO: 16/05/10
Por: María Luisa García Moreno

Avanzaba el pequeño grupo mambí, encabezado por Máximo Gómez y José Martí, en su marcha hacia el Camagüey. Durante los días 18 y 19 de mayo, el Generalísimo continuó su plan para hostigar un convoy español, que, en definitiva, se le escapó; así que el General en Jefe levantó la emboscada y se fue a descansar. Mientras, Martí se había trasladado desde el día 18 a Las Bijas, campamento de las fuerzas de Baratolomé Masó, situado al otro lado del Contramaestre.

A media mañana del 19 de mayo, llegaron Gómez y sus hombres, y poco antes del mediodía, una columna española avanzó sobre el lugar. Los mambises salieron a combatir; pero el adversario, bien situado, recibió a la caballería insurrecta con un nutrido fuego.

Sobre ese aciago día de nuestra historia, cuenta el Generalísimo en su Diario de campaña: “[…] encuentro al General Bartolo Masó con más de 300 jinetes –y Martí y mis ayudantes. / Pasamos un rato de verdadero entusiasmo. / Se arengó a la tropa y Martí habló con verdadero ardor y espíritu guerrero; ignorando que el enemigo venía marchando por mi rastro […] / Dos horas después, nos batíamos a la desesperada con una columna de más de 800 hombres, a una legua del campamento, en Dos Ríos. / Jamás me he visto en lance más comprometido”.1

Mientras Gómez enfrentaba al enemigo, Martí, desoyendo sus advertencias, se incorporó, resuelto, al combate y avanzó hacia el enemigo, seguido por el jovencito e inexperto Ángel de la Guardia.

Su propia inexperiencia no le permitió comprender que marchaba justo hacia el centro del fuego español: atravesó el Contramaestre por el paso de Santa Úrsula y cayó en tierra cubana, en la finca Dos Ríos. Su cadáver no pudo ser rescatado y quedó en poder del enemigo.

Los restos de José Martí, después de ser saqueados por los españoles, fueron sepultados sin ataúd —con el cuerpo de un soldado español encima— en el poblado de Remanganaguas, adonde había arribado la fuerza de José Ximénez Sandoval.

Días después, una vez que los hispanos comprobaron la jerarquía del fallecido, sus restos fueron exhumados, colocados en un ataúd y exhibidos públicamente en la estación de San Luis, desde donde se le trasladaría a Santiago de Cuba.

El 26 de mayo, llegó su cadáver a Santiago y, el 27, ocho días después de su caída en combate, se le dio sepultura en el nicho 134 de la Galería Sur, de la necrópolis de Santa Ifigenia, de donde sería nuevamente trasladado al inaugurarse el 30 de junio de 1951 el mausoleo que hoy atesora sus restos.

Como su deber le mandaba, José Martí se había lanzado al combate y había caído de cara al sol. Quien había levantado la guerra necesaria “para salvar la independencia amenazada de las Antillas libres, la independencia amenazada de la América libre, y la dignidad de la republica norteamericana”2 no podía permanecer impasible ante el fuego de la lucha. Estaba convencido de que esto era “tarea de grandes”3 y se sentía grande, inmenso en su amor por Cuba y su disposición al sacrificio.

Con su muerte perdía Cuba al más lúcido de sus hijos, al combatiente, al organizador, al político, al maestro, al escritor, al periodista, al hombre culto y capaz, que había echado sobre sus hombros la guerra necesaria y calado, como nadie, en la esencia rapaz del imperialismo norteamericano.

En su Diario, Goméz escribió: “Esta pérdida sensible del amigo, del compañero y del patriota […] Ya nos falta el mejor de los compañeros y el alma, podemos decir, del levantamiento!...”.4

Notas
1 Máximo Gómez: Diario de campaña. Edición del Centenario, Instituto del Libro, 1968, p. 284.

2 José Martí: “El tercer año del Partido Revolucionario Cubano”. Publicado en Patria, el 17 abril 1894. En: Obras completas. T. 3. Centro de Estudios Martianos. Colección digital, La Habana, 2007, p. 143.

3 Ibídem.

4 Máximo Gómez: Ob. cit., p. 285.





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