Sin barreras para la esperanza
PUBLICADO: 08/08/10
Por: Marcia Rodríguez
El 4to Congreso Panamericano de Salud Mental Infanto-Juvenil, trajo sorpresas. Con música clásica de fondo, y a ritmo de rumba, unos especialísimos bailarines demostraron que no importan las diferencias sino la esperanza que encierra, para muchos, la danza.
Alexis Fernández Rosales, terapeuta y director artístico del Grupo Nacional de Psicoballet que pertenece al Hospital Psiquiátrico de la Habana, nos comenta acerca de este proyecto, más que realizado.
El psicoballet cuenta ya con 37 años de fundado, tiene filiales en casi todos los municipios de Ciudad de La Habana y más de cuarenta en el mundo, sobre todo en América Latina. Abarcamos las escuelas especiales para ciegos y débiles visuales, sordos, limitados físico-motores, de lenguaje, de autismo, de síndrome Down, centros de reeducación y de menores que han cometido algún delito.
Actualmente, psicoballet va a ampliar su campo a través de las Casas de Cultura, lo que nos dará la posibilidad de llevarlo a las provincias, los municipios y a la comunidad.
El objetivo fundamental del psicoballet es recabar un espacio para que todas estas personas especiales puedan, por medio del arte, comunicarse con la familia y la comunidad en la cual viven. También es nuestro objetivo que rescaten su autoestima y se conviertan en nuevas personas, en este caso, artistas.
La familia deja de ver al niño como un problema porque, después de la función con la que finalizamos el ciclo de trabajo —donde el niño ya actúa en un escenario, se pone un vestuario, memoriza movimientos y es aplaudido por sus amigos, familiares y especialistas—, se visualiza al pequeño como a un verdadero artista. Ya es el niño o el adolescente que logró una meta.
En nuestra última presentación integramos este grupo especial con uno de muchachos que bailan música campesina y fue maravilloso, delante y detrás de los telones: entre ellos se ayudaban, se agarraban de las manos, cooperaban si había que bajar una silla de ruedas, en fin, fue increíble, porque los niños no le dan importancia a la diferencia, somos nosotros, los adultos, quienes ponemos barreras.
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