Ni buena ni mala estrella
PUBLICADO: 28/10/10
Por Aracelys Bedevia
Ilustración: Jesús
Eduarda tiene catorce años y una suerte nada envidiable. Todo lo que por ahí se pierde, siempre y cuando no sea bueno, le toca a ella.
En menos de un mes suspendió un examen importante, se fracturó una pierna en un accidente automovilístico, tuvo problemas con su mejor amiga y por si fuera poco, el novio la dejó. ¿A qué se debe tanta desventura? ¿Mala racha o mala estrella?
¿Acaso sus amigos tienen razón cuando aseguran que ella no tiene suerte? ¿Será que siempre se levanta con el pie izquierdo? Los expertos dicen que no.
Nadie nace con buena o mala estrella. Solo los supersticiosos piensan de ese modo. La suerte no depende del azar sino de nuestra actitud ante la vida, aseguró a la comunidad científica el psicólogo Richard Wiseman, de la Universidad de Hertfordshire (Reino Unido).
Luego de diez años de investigación y centenares de experimentos, Wiseman concluyó que las personas dichosas encuentran todo lo que buscan: pareja, trabajo, amigos, porque (conscientes o no) construyen su buena suerte.
Es ridículo atribuirle al destino o a la casualidad todo lo que nos sucede en la vida. La buena suerte —señaló Wiseman— depende de nosotros y estriba en aprovechar las oportunidades, alimentar la esperanza de que podemos conseguir lo que nos proponemos y ser capaces de ver el lado positivo de las cosas.
En un artículo aparecido en la revista Muy interesante, el experto manifestó que los afortunados tienen un espíritu constructivo, están más abiertos a los demás y poseen una cierta habilidad para crear oportunidades y seguir su intuición. La supuesta mala suerte se debe a que en ocasiones no vemos las buenas coyunturas que se nos presentan o las desaprovechamos. Alguien puede ir a una fiesta tan preocupado por encontrar la pareja perfecta que seguramente no se da cuenta de que podría hacer buenos amigos.
Otros buscarán en un periódico el trabajo que les obsesiona, sin prestar atención a otras ofertas que cambiarían su vida para mejor. No se trata solo de aprovechar circunstancias. También es importante si la percepción de lo que les sucede es positiva o negativa.
La ansiedad puede, por otra parte, contribuir a que pasemos por alto las oportunidades que surgen. Para demostrarlo, Wiseman llevó a cabo varios experimentos.
En uno de ellos, le propuso a un grupo de voluntarios que contara el número de fotografías que aparecía en un periódico. Todos se pusieron a hacerlo, pero mientras que los poco afortunados tardaban algo más de dos minutos en completarla, los afortunados concluyeron la misión en unos segundos. Habían visto en la segunda página un gran anuncio que proclamaba: Deje de contar, el periódico tiene 43 fotografías.
A continuación, hizo lo mismo, pero sustituyó el mensaje por otro en el que se leía: Deje de contar, diga al controlador que ha visto este anuncio y ganará 250 dólares. Una vez más, solo algunos lo detectaron. En realidad, los que estaban más tensos y preocupados por contar las imágenes lo pasaron por alto.
En relación con este fenómeno, Alex Rovira y Fernando Trías de Bes, en la obra La Buena Suerte: claves para la prosperidad, señalan: La buena estrella únicamente consiste en crear circunstancias, por lo que solo depende de nosotros. El problema radica en que muchos son los que quieren tenerla, pero pocos los que deciden ir a por ella.
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