A pesar de todo
PUBLICADO: 18/06/11
Por Marcia Rodríguez
Fotos: Ismael Almeida
Haddy ya tiene bigotes. Una pelusilla cubre su labio superior porque
tiene quince años. Pero Haddy Águila no solo posee bigotes,
también tiene la capacidad de asombro de un niño, la sensibilidad
de un poeta y las manos de un pintor. Haddy Águila Ramírez
cursa el octavo grado en la Escuela con Necesidades Especiales
Héroes de Bolivia, del artemiseño municipio de Güira de Melena.
Él y su profesor, Duniel Pérez Carrillo, llegan a Pionero con mochilas
llenitas de esperanzas y los sueños despiertos en el futuro.
Yo empecé a tener problemas en la escuela porque no me gustaba,
discutía con los maestros y desarrollé una conducta agresiva. Ahora
estoy desfasado con respecto al grado docente, sin embargo, gracias
a los profesores, voy bien en los estudios —de hecho, soy Jefe de
Escuela.
Siempre me gustaron las artes. Primero estudié guitarra a los once
años y, cuando entré a Héroes de Bolivia, me encontré con el profesor
Duniel que me atrajo hacia la pintura. En ella me represento como
el color negro, pues me da la sensación de conflictos, y el blanco es la
pureza, lo veo como la ayuda que llegó a tiempo.
Mis aspiraciones son llegar a ser una persona mejor, ser un gran pintor
o, por lo menos, superar a mi profesor. Es una meta que me tracé
y hasta que lo logre no voy a parar de pintar.
El instructor de Artes, Duniel, parece casi tan niño como el alumno. Su experiencia
como docente se reduce a cuatro años pero, a todas luces, lleva en el corazón
una sabiduría milenaria.
Trabajar con muchachos en esa escuela es una misión y, hallar a Haddy, ha sido ... único.
Es un joven lleno de alegría, con carisma y sentimientos diferentes dentro de la diferencia
de mi escuela. Su crecimiento y resultados docentes han sido lentos, pero positivos.
Pienso que las artes, en general, ayudan al cambio. Antes, él no controlaba su ira,
por eso tuvo muchos problemas, ahora, en vez de pelear, se refugia en la pintura y
así expresa lo que siente.
Haddy y Duniel contemplan su obra, la de los dos. Uno, como novísimo creador;
el otro, como formador novísimo de almas. La exposición Huellas, en la Casa
de Cultura de La Habana Vieja, más que una muestra es un reconocimiento al
esfuerzo, al talento y a la humildad. Haddy y Duniel demuestran que, a pesar de
todo, aún se puede.
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