Míriam, una maga de estos tiempos
Por: Lucía Sanz Araujo
Fotos: Raimara García Velázquez
Dicen que el rey Midas convertía en oro cuanto tocaba. Sin embargo, Pionero conoce a una artesana que transforma el barro en verdaderas obras de arte, y no se trata de una leyenda, sino de una realidad. Si quieres convencerte llégate, sin falta, hasta la Feria Arte en La Rampa, cuya sede es el Pabellón Cuba, en pleno corazón de La Habana. 
Encamínate hasta el stand de Alfibrarte, contempla y disfruta del trabajo de Míriam Morales del Toro, una sencilla y entusiasta mujer capaz de trocar la más simple botella en una pieza única, bella y a la par funcional, igual sucede con los porrones, las jardineras, los búcaros y los botellones.
En el caso de las botellas, ella nos revela que se hallan revestidas de papier maché. Diversas son sus tonalidades, tantas como las gamas del arco iris. Mas ahí no queda su arte, las “viste” como haría una modista con sus maniquíes. Así, presentan adornos de fibras, hojas sencillas como las del álamo y elementos de la naturaleza que las realzan.
Un objeto trivial, utilitario como un porrón con el cual calmar la sed en pleno campo se transforma por obra y gracia de la artista en una pieza hermosa que quisiéramos tener, conservar y mostrar a los amigos. En diferentes tamaños, con asas dobles o sencillas, exhiben lo mismo un color mate que una tonalidad irisada. Algo similar ocurre con sus botellones y búcaros.
Ya Morales del Toro, miembro de la Asociación Cubana de Artesanos y Artistas (ACAA) y creadora del proyecto Alfibrarte, nos tiene acostumbrados a unas propuestas que aúnan lo útil con lo bello pero siempre nos sorprende.
Alfibrarte es un proyecto creado y desarrollado por Míriam y que agrupa a una veintena de muchachas y muchachos, de la escuela primaria Clorinda Ruiz y la Secundaria Básica 14 de Junio, en el poblado de El Cano, en La Habana, donde esta artista enseña los secretos de la alfarería unida al uso de fibras naturales.
Desde hace ya un lustro, cada sábado, en la mañana, su taller se llena de la alegría y el deseo de aprender de los más jóvenes, a la par que constituye un buen ejemplo de la vinculación de los artistas a su comunidad.
Nombré al grupo de este modo- puntualiza Míriam-, pues mi trabajo inicial era con las fibras naturales a las que luego incorporé la alfarería, así, hice una mezcla, un híbrido de ambas y surgió el nombre de Alfibrarte, alfarería y fibra con arte.
Dicen que vista hace fe, por eso, hasta le contamos. Si tiene tiempo lléguese, y si no, quíteselo a otra tarea menos importante, y encamínese hasta el Pabellón Cuba, en La Rampa capitalina. Estamos convencidos de que nos dará la razón. Mientras tanto, disfruten de las imágenes. |