domingo septiembre 04, 2005


René de niño en la Plaza de la RevoluciónRini no es un traidor

Míriam García  
Fotos: Cortesía de la famliia Sehwerert

Serena, optimista, vital, así vi aquella tarde a Irma Sehwerert Mileham, la mamá de René.

No hay que añadir más. Basta mencionar a uno para que los nombres del resto de sus compañeros acudan de inmediato a nuestro pensamiento. Junto a Gerardo, Fernando, Ramón y Tony, su Rini, como cariñosamente ella lo llama, forma parte de los cinco jóvenes cubanos, Héroes de la República de Cuba, presos injustamente en cárceles norteamericanas.

Hábleme un poco de él

La vista se le va lejos mientras se balancea suavemente en un sillón. Sonríe. Va hilvanando recuerdos de la infancia, adolescencia y juventud del hijo siempre presente.

René y su hermanoRené es el mayor, nació el 13 de agosto de 1956 en la ciudad de Chicago, Illinois, donde vivíamos. Allá, dos años después, tuve a Roberto y aquí, en 1971, a Liván. En 1961 regresamos a Cuba con un grupo de repatriados de Chicago y Nueva York. Nos integramos a los CDR, a las milicias, a todas las tareas de la Revolución. Mis hijos se criaron de esa manera y eso contribuyó a su formación.

En una escuela primaria interna estuvo Rini desde primero a sexto grados. Quería mucho a sus maestros, y especialmente a Esther, una de las compañeras que los cuidaba. Un día llegó muy contento porque lo pusieron responsable de limpieza; nadie quería hacer ese trabajo y él se brindó porque comprendió que hacía falta y lo hizo bien.

Siempre le gustó el deporte. Nadaba y buceaba con su hermano y aunque Robe es menor que él, era quien lo tenía que cuidar porque Rini es muy intrépido, no teme al peligro. Jugaban mucho a la pelota, así como al voleibol, al tenis de cancha y al básquet. También les gustaba correr, se levantaban de madrugada para hacerlo. Ahora lo hace él solo. Cada día corre un kilómetro en la cárcel y cuando no puede hacerlo, camina durante horas en su celda, hace planchas y abdominales para mantenerse en forma.

¿Alguna anécdota de adolescente?

Tenía doce años y en el barrio había un muchacho discapacitado, del que la gente se burlaba y le gritaban huevo duro para ponerlo furioso. Una tarde llegó a la casa con la camisa rota, lleno de moretones y me dijo: No te asustes, mami, es que no soporto el abuso. Se había fajado con unos adolescentes mayores que él, en defensa de aquel pobre muchacho.

¿Otros rasgos de su carácter?

En el Servicio Militar fue seleccionado vanguardia; él quería ir a Angola a luchar, pero no lo escogieron. Un viernes consiguió la planilla, la llenó y el oficial que la tenía que firmar estaba en Guanabo, hasta allá fue en bicicleta, consiguió la autorización y el lunes partía con otros jóvenes internacionalistas hacia tierras africanas.

En San Julián comenzó su carrera de aviación. Estudiaba mucho. Los fines de semana repasaba con su hermano y jaraneaba diciendo que él sería piloto de altura y su hermano de tierra.

Siempre ha tenido un alto concepto de la amistad y de la familia. Adora a sus hijas Irmita e Ivette. Antes de irse se apareció con un perro sato, él sabe que no los soporto, pero me miró de una forma tan especial y tanta ternura en su voz, que no pude negarme cuando me dijo: Mami, déjamelo aquí, que es para Irmita.

El 8 de diciembre de 1990 su avión no regresó. Lo creímos muerto, luego supimos que había tomado otro rumbo...

Cuando me pude comunicar con él, le escribí una carta con un mensaje en clave para que supiera que yo no creía que él era un traidor. Le hablé de algunos seriales como Diecisiete instantes de una primavera, Algo más que soñar y Julito el pescador. Nunca me reveló nada. Al saber la verdad, me llevé las manos al pecho y exclamé con orgullo: Rini, mi corazón no se equivocó.
 

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