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7 de noviembre de 1917: Triunfo de la Gran Revolución Socialista de Octubre

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Publicado: 
Lunes, 30 Octubre 2017
Por: 
Efemérides y conmemoraciones. Dirección Política de las FAR
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Tomada de Internet
1917 Reunión del Sóviet de Petrogrado.

Las causas económicas de la Revolución rusa se atribuyen en gran medida a la mala gestión del zar, sumado el Imperio a la Primera Guerra Mundial.
Más de quince millones de hombres se unieron al ejército, que dejó un número insuficiente de trabajadores en las fábricas y las granjas. El resultado fue una escasez generalizada de alimentos y materias primas. Los obreros tuvieron que soportar terribles condiciones de trabajo, incluyendo jornadas de doce a catorce horas y bajos salarios.
Se desencadenaron cuantiosas revueltas y huelgas reivindicando mejores condiciones y mayores salarios. Aunque algunas fábricas accedieron a las peticiones para elevar los salarios, la inflación de guerra anuló su efecto. Hubo una protesta ante la que Nicolás respondió con violencia, en respuesta, los trabajadores de la industria fueron a la huelga y paralizaron de hecho el ferrocarril y el resto de redes de transporte.
Las pocas mercancías que estaban disponibles no podían llevarse a su lugar de destino. Los precios se dispararon a medida que los bienes esenciales eran cada vez más escasos.
En 1917, el hambre amenazaba a muchas de las grandes ciudades. Las causas sociales de la Revolución tienen su origen en siglos de opresión del régimen zarista sobre los desposeídos. Aproximadamente un 85 % del  pueblo ruso formaba parte del campesinado, oprimido por la aristocracia feudal y los funcionarios imperiales.
El vasallaje, asociado comúnmente con la Edad Media, describe con precisión la situación social de la Rusia de principios del siglo xx.
La Primera Guerra Mundial sólo aumentó el caos. La ingente demanda de producción industrial de artículos de guerra y obreros causó muchas más insurrecciones y huelgas.
Además, como se necesitaban a muchos trabajadores en las fábricas, los campesinos emigraron a las ciudades, que pronto se vieron superpobladas, viviendo bajo condiciones que rápidamente empeoraron. Para colmo, mientras que la cantidad de alimentos requerida por el ejército era cada vez mayor, el abastecimiento tras el frente se empobrecía más y más. En 1917, el hambre amenazaba a la mayoría de las grandes ciudades. La suma de todos los factores anteriores contribuyó a un creciente descontento entre los ciudadanos rusos, que posteriormente desembocaría en la Revolución.
Desde el punto de vista político al menos en 1904, los trabajadores de Rusia sufrieron una calamitosa situación económica. Muchos de ellos trabajaban once horas al día. Las condiciones de salud y seguridad en el trabajo eran precarias, y los salarios bajaban.
Se produjeron numerosas huelgas y protestas con el paso del tiempo. Casi todas fueron ignoradas por el gobierno zarista o reprimidas, en ocasiones de una manera sangrienta.
El fracaso de la política exterior rusa, especialmente en el Lejano Oriente con el fracasado intento de conquista de Manchuria y la debacle del ejército y la armada imperial durante la Guerra Ruso-Japonesa de 1905 causaron hondo malestar en distintos sectores sociales del país.
Parte de la clase intelectual (educada en muchos casos en Occidente) también rechazaba la autocracia zarista. En 1915, la situación se tornó crítica cuando  Nicolás decidió tomar el control directo del ejército, supervisando personalmente el frente de guerra y dejando a su incapaz esposa Alejandra al cargo del gobierno. Sobre octubre de 1916, Rusia había perdido entre 1,6 y 1,8 millones de soldados, a los que había que añadir dos millones de prisioneros de guerra y un millón de desaparecidos.
Poco ayudaron estas cifras a la moral del ejército. Comenzaron los motines, y en 1916 empezaron a circular rumores de confraternización con el enemigo. Los soldados estaban hambrientos y faltos de calzado, munición e incluso de armas. Se culpó a Nicolás de estas calamidades, y el pequeño apoyo que todavía le quedaba empezó a tambalearse.
A medida que este descontento general y odio hacia Nicolás II crecían, la Duma (Cámara Baja del parlamento ruso representada por terratenientes, ciudadanos, trabajadores de la industria y campesinos) emitió una advertencia al zar en noviembre de 1916 declarando que se avecinaba el desastre sobre la nación si no se ponían en marcha reformas constitucionales.
Como era de esperar, Nicolás hizo caso omiso. El resultado no se demoró, y varios meses después el régimen colapsó durante la Revolución de febrero de 1917.
El 25 de octubre de 1917 (7 de noviembre según el Calendario gregoriano), el máximo líder del Partido bolchevique, Vladimir Ilich Ulianov (Lenin), dirigió el alzamiento en Petrogrado, la entonces capital de Rusia, contra el gobierno provisional de Aleksandr Kerensky.
La Guardia Roja, dirigida por los bolcheviques, se hizo con los principales edificios gubernamentales antes de lanzar un asalto final sobre el Palacio de Invierno durante la noche del 7 al 8 de noviembre.
El asalto, dirigido por Vladímir Antónov Ovséyenko, fue lanzado a las 9:45 p. m. tras un disparo de salva desde el Crucero Aurora. El palacio fue tomado hacia las dos de la madrugada del día 8; el 7 de noviembre sería establecido oficialmente como fecha de la Revolución.
La Gran Revolución Socialista de Octubre abrió para la Humanidad una nueva era, la del paso de la teoría del socialismo científico a la práctica humana del  socialismo.

 

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