Jueves, 20 de Julio de 2017 - 5:09 am

De madres y padres

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Publicado: 
Sábado, 15 Julio 2017
Por: 
Marcía Rodríguez
Imágenes: 
Tomadas de Internet
La osa polar, solo las hembras preñadas buscan refugio durante el invierno y dan a luz una o dos crías en una madriguera excavada en el hielo.

No importa si poseen plumas o pelos, si viven en zonas cálidas o heladas, ni siquiera si son terrestres o acuáticos, lo cierto es que el reino animal tiene multitud de ejemplos donde el rol de padres y madres serviría como paradigma a algunos humanos.

El primer caso es el del pingüino emperador. Es la única especie de pingüino que se reproduce durante el crudo invierno antártico.

La hembra pone un único huevo que es incubado inicialmente por el macho, mientras que ella regresa al mar para  alimentarse; después los padres se turnan para buscar sustento y cuidar de sus polluelos en la colonia.

Un macho debe soportar las bajas temperaturas durante más de dos meses para proteger a su huevo del frío extremo.

Durante todo este tiempo no se alimenta, por lo que pierde mucho peso mientras incuba, a la espera de la salida de su cría del cascarón.

Nuestro segundo padrazo es el caballito de mar. Las hembras trasplantan sus huevos con ayuda de una papila genital, apéndice cloacal u ovopositor, de unos tres milímetros de largo, en la bolsa ventral de los machos, donde pueden desarrollarse bien protegidos.

Tanto la entrada de los huevos en el saco, como su fertilización, ocurren en un proceso de apenas seis segundos.

Su gestación dura entre diez días y seis semanas, en dependencia de las especies y de la temperatura del agua del mar. Pasado este plazo, el macho deja salir las crías del interior de su bolsa durante varias horas, contrayendo su cuerpo para
hacer presión y liberarlas.

Las crías son réplicas en miniatura de sus padres, de unos siete a once milímetros de largo. Los primeros días entrarán y saldrán de la bolsa según haya peligro o no en el exterior.

Si de mamis se trata, la osa polar se lleva las palmas. Solo las hembras preñadas buscan refugio durante el invierno y dan a luz una o dos crías en una madriguera excavada en el hielo. Ellas no comen nada durante este periodo, viven de la grasa acumulada en su cuerpo, mientras que los cachorros se alimentan de la leche materna.

Las crías nacen tras una gestación sorprendentemente corta. Miden apenas 30 cm de altura y pesan 700 g, no tienen ningún diente, son ciegas, y totalmente desvalidas. En el curso de cinco meses crecen de tal manera que al inicio del
verano ya pueden seguir a la madre —quien está extraordinariamente flaca y hambrienta tras el ayuno, en el que puede perder hasta la mitad de su peso inicial.

Pasan otros cinco meses junto a ella, aprendiendo a localizar comida y a resguardarse de los machos adultos, que en
ocasiones matan y comen oseznos. Algunos llegan a convivir con su madre hasta los dos o tres años y medio de edad.

Ejemplo de abnegación es el de la mamá pulpo. Esta puede poner entre 50 000 y 200 000 huevos, y los cuida durante unos 40 días hasta que eclosionan. Durante ese tiempo la hembra mantiene a raya los depredadores y oxigena la cueva. Nunca abandona su puesto de guardia, ni siquiera para buscar comida. Al final del proceso la hembra está tan débil que
a menudo muere.

Por último, te hablaré de una familia fundamentalmente matriarcal. Tras veintidós meses de gestación —la más larga en los mamíferos—, mamá elefante pare una sola cría de 90 cm de altura y un peso de 100 kg, que lacta a veces hasta los cinco años de edad, aunque ya come alimentos sólidos desde los seis meses.

Las manadas están formadas por hembras emparentadas y sus descendencias de diferentes edades, dirigidas por la de
mayor edad, a la que se le da el nombre de matriarca. En ocasiones las acompaña algún macho adulto, pero estos suelen abandonar la manada cuando llegan a la adolescencia y forman bandas con otros animales de su edad.

La cría es atendida y cuidada por las “tías” y la relación dentro de la manada es muy estrecha: cuando una hembra pare,
el resto se acerca para “saludar” al recién nacido tocándole con la trompa; cuando un individuo viejo muere, el resto lo acompaña y se queda junto al cadáver durante un tiempo.

Como habrás leído, la naturaleza siempre nos sorprende. Ya sea con una prole numerosa, como en el caso del caballito de mar, o con un solo descendiente como el elefante, estos padres y madres nos hacen reflexionar acerca de la responsabilidad que entraña traer hijos al mundo.

Por eso felicita a tus padres, ya sabes que no son precisamente un pingüino emperador ni una osa polar, pero siempre estarán contigo para brindarte protección y ayuda, porque somos los únicos seres vivos que cuidamos a nuestras crías durante toda la vida.

Dicen los que saben:

El pingüino emperador posee la mayor densidad de plumas de todas las aves, alrededor de quince por cm2. Cada año se capturan en Asia toneladas de caballitos de mar para su uso en tratamientos tradicionales, basados en supuestas propiedades curativas. Algunas especies como el Hippocampus capensis, se encuentran en grave peligro
de extinción.
 

El Pingüino emperador. Es la única especie de pingüino que se reproduce durante el crudo invierno antártico. La hembra pone un único huevo que es incubado inicialmente por el macho, mientras que...
El Pingüino emperador alimentando a su cachorro.
Tras veintidós meses de gestación (la más larga en los mamíferos), mamá elefante pare una sola cría de 90 cm de altura y un peso de 100 kg.

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