Sábado, 25 de Noviembre de 2017 - 4:52 am

El bulling también es violencia

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Publicado: 
Lunes, 28 Agosto 2017
Por: 
Aracelys Bedevia
Imágenes: 
Jorge Luis Baños.(IPS)
El acoso escolar, también es violencia. Foto: Jorge Luis Baños. IPS

“Mira, mira, por ahí viene ella. Tan fea como está. ¿Tú te fijaste lo que trajo ayer de merienda? Un asco”, así le dijo Claudia a Daniela al ver pasar por su lado a Roxana, una de sus compañeras de clase. “No sigas dejando que hable contigo, que después van a decir que somos iguales”, le alertó Claudia. “A mí que ni me pregunte la hora”, agregó en un tono más alto con la intención de que todos la escucharan.

Roxana es una muchacha tímida, de doce años de edad, que habla bajito y siempre anda sola. En la escuela se burlan de ella y le quitan los lápices porque es un poco lenta al caminar. Es gordita y lleva unos espejuelos que acentúan aún más la falta de atractivo de un rostro ‘pintado’ de pecas.

“En una ocasión la obligaron a comerse el pan sin masticarlo y la empujaron hasta hacerla llorar. Solo Miguelito fue capaz de defenderla. Ella es buena y saca tremendas notas, pero cae mal. Además, siempre está comiendo y es tan fea...”, comenta Lisy, quien tampoco quiere hablarle a Roxana por miedo a que la excluyan del grupo.

Debido a ese rechazo generalizado la vida de Roxana se hace cada vez más difícil dentro de la escuela. De ser una niña alegre, según dicen sus maestros, ha pasado a estar siempre llorosa y sin ganas de hacer nada. Sin embargo, no es un caso aislado. Son muchas las (os) adolescentes que sufren los efectos del bulling (anglicismo con el que se designa el proceso de intimidación en los centros de estudio, por parte de ciertos compañeros hacia otro, con el beneplácito del grupo, y que incluye insultos, rechazo social y agresividad física).

“El bulling o trajín, como también se le conoce, sitúa a la víctima en una posición de la que difícilmente pueda escapar sin la ayuda de un tercero, y provoca ansiedad, descenso de la autoestima y cuadros depresivos, que dificultan la integración en el medio escolar y el aprendizaje”, explica la Máster en Psicología Clínica Mariela Rodríguez Méndez, profesora de la Universidad de La Habana. Otras de sus manifestaciones son la agresividad, el aislamiento y la carencia de amigos.

¿Qué hacer?

Cerca del 10 % de los integrantes de una comunidad escolar es víctima de esta forma de violencia. Los “elegidos” muchas veces son muchachos y muchachas introvertidos, no muy agraciados físicamente, con alguna discapacidad o un tamaño diferente al de la mayoría. Usar espejuelos de aumento y caminar o hablar diferente pueden ser motivo de burlas. En determinados casos incide, del mismo modo, la situación económica, raza, etnia y la separación de los padres, pues todos esos factores ocasionan que algunos adolescentes se sientan débiles, sensibles, inseguros y tristes.

En opinión de Mariela, lo mejor que puede hacer un joven que sea víctima del bulling es ignorar al agresor y hacerse como si no lo oyera. “No debe llorar porque esa reacción es la que el agresor está esperando. Si decide responderle es mejor que lo haga con serenidad y firmeza. O que ironice la situación. De lo contrario, sugiero que se aleje de la escena donde lo victimizan. Y, en todos los casos, que le pida ayuda a un maestro u otro adulto cercano”.

Los acosadores casi siempre son jóvenes con una fuerza física superior a la de sus víctimas. Proceden de familias disfuncionales. Gozan de mayor popularidad y asumen el rol de líderes. Tener ‘público’ es muy importante para ellos, por lo que si alguno de los testigos se atreve a decir ‘Basta’, es posible que esta cese. “Si no puede hacerlo, señala Mariela, se recomienda decírselo a un adulto o convencer a la víctima para que hable con sus padres porque el bulling puede afectar gravemente el desarrollo de la personalidad y de la siquis. No solo en las víctimas, sino también en el agresor y en quienes asumen el papel de testigos porque terminan acostumbrándose a vivir en un entorno violento e injusto.

En tales casos, todos necesitan ayuda porque quienes victimizan están en una situación tan desventajosa desde el punto de vista sicológico que requieren agredir a otro para sentirse valientes y reconocidos por el grupo”, resaltó la profesora.

La segregación es una de las tendencias de la modernidad y consiste en aislar a quienes parecen tener algún modo de vivir diferente —con el cual los que segregan parecen sentirse agredidos—. “Pero es muy imaginaria esta tendencia porque ni somos tan diferentes ni tan iguales y mucho menos mejores como para dañar a otra persona”, concluyó la experta.

 

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