Lunes, 24 de Septiembre de 2018 - 9:29 am

El regalo

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Publicado: 
Jueves, 15 Marzo 2018
Por: 
Marcía Rodríguez
Ilustración: Jesús.

“De puntillas, de puntillas, para no despertar a Piedad, entran en el cuarto de dormir” Bebé, Meñique y Raúl —quien luce un hermoso cinturón del que pende un sable nuevo.

Detrás, Pilar descalza y Nené con un gran libro entre sus manos. Han decidido que este 28 de enero tenga un comienzo diferente.

En silencio van rodeando la cama. De Piedad solo se ve la cabecita rubia hundida en la almohada. “Por la ventana entra la brisa, y parece que juegan, las mariposas que no se ven, con el cabello dorado”.

Leonor —“la boca desteñida de besos”— despierta al sentir el tropezón de Bebé contra el tocador de jugar. La muñeca se sacude el sueño y acata el mandato de silencio que le hacen:
“¡Shhh!”.

Nené aparta una silla donde dormita un baúl vacío, logra subirse despacito a la cama de Piedad y deposita el libro al lado de la niña que aún duerme. “El libro no tiene barbas: le salen muchas cintas y marcas por entre las hojas, pero ésas* no son barbas”.

Raúl hace un saludo militar levantando el sable y todos exclaman a una: ¡Despierta, Piedad, lo conseguimos! La niña se sienta en la cama medio dormida —esta vez los pájaros del jardín no la habían despertado. Entonces lo ve, el libro con angelitos que siempre quiso: La Edad de Oro.

Raúl guarda su sable y pregunta por qué es especial. “Un libro bueno es lo mismo que un amigo viejo”, responde sonriendo Piedad mientras aprieta el libro contra su pecho.

“¿Acaso no lo saben? ¡Este hombre de La Edad de Oro es nuestro amigo!”.

*** Se ha respetado la ortografía del texto original ***

 

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