Viernes, 23 de Junio de 2017 - 6:10 am

Elaine Vilar y la persistencia de la palabra

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Publicado: 
Viernes, 2 Junio 2017
Por: 
Isamila
Joven escritora cubana Elaine Vilar Madruga.

Decía el autor argentino Jorge Luis Borges que de todos los instrumentos creados por el hombre, el más asombroso era el libro, porque todos los demás no eran más que prolongaciones del cuerpo humano y solo el libro era una extensión de la imaginación y la memoria. Será por eso que la joven escritora Elaine Vilar Madruga decidió inventarse un mundo a través de la literatura.

No hay límites para ella cuando de leer y escribir se trata. A sus inicios en el universo literario, la ciencia ficción y la literatura juvenil cubana dedicamos estas páginas.

¿Cuáles fueron tus lecturas de adolescente? ¿Tus lecturas de ahora?

“En mi adolescencia leí a muchos de los clásicos de la literatura nacional e internacional, creo que era una época bendita para la lectura, un momento en que tenía la disposición espacial y de tiempo para sumergirme en largas jornadas junto a un libro.

Consumí mucha poesía, novela, cuento; teatro un poco menos. Me interesaba, como estudio paralelo, toda la literatura fantástica que se escribía tanto en Cuba como en el extranjero: aquellos libros fueron descubrimientos esenciales para la Elaine lectora y la Elaine escritora -separadas y unidas ambas esferas por solo breves hilos de carne-.

Recuerdo ese tiempo con alegría, probablemente leía más —el oficio, luego, ha ido depurando mucho— y era más libre para escribir en rutinas locas y fecundas, que a veces duraban más que mis fuerzas. Ahora me he vuelto, no sé, más metódica para trabajar, concentro mis energías en flechas más visibles, menos propensas a quebrarse. Mis lecturas han cambiado y, con ellas, también mis libros.

En la actualidad, escribo más y leo menos, consumo más cine, más audiovisuales, estoy sumergida en el mundo del teatro y el performance, me enamora tratar de comprender el vínculo y la síntesis que existe entre todas las artes e intentar, desde mi trabajo, alcanzar ese objetivo. Sigo siendo una buena lectora, pero escojo mejor los libros que llegan a mi vida. Persisto en la idea de que los libros son la mejor compañía para un ser humano. Por eso los escribo, con la esperanza de que me acompañen a mí y a otros”.

¿Por qué decidiste dedicarte a la literatura?

“La decisión habla de un impulso racional -por más que los términos aparenten ser contradictorios-. Por primera vez dije que quería ser escritora a los siete años y la vida me ha llevado a ser fiel a aquellas palabras. Recuerdo que en mi
adolescencia me frustraba mucho la idea de que no existiera una carrera universitaria llamada Escritura Creativa. Mis caminos alternativos fueron otros: la música vivió -y vive- en mí gracias al hecho de que la universidad no tenga una carrera con el nombre que yo necesitaba para entonces.

Ya el hecho de decidirme llegó después, a los dieciséis años, de la manera más brutal y hermosa que existe: en la prueba mental y de fuerzas que siempre constituye un concurso literario. ¿Por qué tomar este camino? Creo que cada escritor tiene un héroe que vive, a veces silencioso, dentro de él. Un héroe que sueña con cambiar el mundo mediante actos breves, palabras, hechos, las pequeñas cosas que pasan por alto. No es una heroicidad que merezca ser contada, en realidad, como otras muchas, pero de cualquier manera existe.

Mediante la escritura, yo he intentado fotografiar mi mundo, los múltiples mundos que existen en mí, para que sobrevivan mediante la palabra”.

¿Qué se entiende exactamente por literatura juvenil? A tu juicio ¿qué la caracteriza?

“En la actualidad, esos límites se han borrado bastante, tanto genérica como conceptualmente. La escritura que, hace apenas un siglo, era para un público adulto, hoy es consumida por nuestros jóvenes.

A mi juicio, ¿qué queda para nosotros, los autores, por definir? Literatura para jóvenes será aquella que ellos quieran consumir en el futuro, la que sientan que les late de alguna manera, la que los conmueva como parte de una generación,
de una historia diferente a la nuestra. No se trata de adaptarnos a que el mundo de hoy engulla al de ayer y lo haga desaparecer por completo, sino comprender y confiar que los caminos de nuestros jóvenes —si bien diferentes a los nuestros— tendrán sus propios retos, desafíos, aventuras, felicidades y tristezas.

No es tiempo ya para didactismos. Debemos ofrecerles, desde nuestros libros, miradas hacia otros universos o realidades, que les enseñen que el mundo es múltiple y plural, lleno de polifonía”.

¿Qué opinas sobre la literatura juvenil que se hace en Cuba? ¿Los temas, los autores, las editoriales y por supuesto los lectores?

“Es un proceso complejo que atraviesa la opinión personal. Creo que la literatura juvenil aún no es muy bien entendida por algunos autores y editoriales, cae en un terreno de nadie, donde no se sabe si debe enmarcarse en la literatura infantil o la de adultos. Es importante, a mi criterio, ampliar horizontes, rangos y mentes, sobre todo eso último.

Por ejemplo, la Editorial Gente Nueva ha comprendido la necesidad de abrir puertas y ampliar esos horizontes de los que te comentaba con anterioridad: ellos han diseñado diversas colecciones para satisfacer los gustos de diversos tipo de público, en rangos que van desde la literatura preescolar hasta la juvenil. Colecciones como Ámbar, de Gente Nueva, a cargo de la editora Gretel Ávila, son muestra viva de que se puede escribir buena literatura para adolescentes y jóvenes.

Por experiencia, me he dado cuenta de que los lectores son inteligentes. Ellos saben elegir. No hay que imponerles un libro, ni siquiera un autor de moda. El corazón guía”.

¿Qué libro les recomendarías a los adolescentes cubanos?

“Podría recomendar varios, pero seguramente serán títulos que ellos han escuchado varias veces y que, tal vez, por aquello de la saturación, por tanto repetir un mismo nombre sin un sentido preciso, no signifiquen para ellos lo mismo que significó para mí. Pero me atreveré y correré el riesgo.

Les diría que El principito, de Saint-Exupéry, ha sido una obra muchas veces mencionada, pero que vale la pena ir a buscar y releer luego de pasados unos años. Les hablaré de El señor de los anillos, de J.R.R.Tolkien, porque aunque
puedan ellos creer que el filme es insuperable, la realidad del libro es mucho mejor que la de la película. Les recomiendo todo lo escrito por Michael Ende y Roald Dahl, y en un par de años les suplicaré que busquen a China Miéville, un autor británico que no escribe precisamente para jóvenes, pero que hace que las palabras sean nuevas cada vez que las coloca sobre el papel. Y, evidentemente, que lean también los cuentos tradicionales de cada cultura, incluyendo la nuestra, porque en ellos se encuentra toda la sabiduría de los ancestros”.

Pese a tu juventud ya atesoras una numerosa obra así como premios.¿Tienes algún género, digámosle cómodo, para escribir o algún tema recurrente? ¿Por qué?

“La verdad es que me siento cómoda en todos los géneros. Pasar de uno a otro en mi escritura, es un proceso natural, que yo no sabría explicar porque viene conmigo desde pequeña, siempre ha sido así. Por ejemplo, ahora mismo acabo
de terminar un poemario y estoy comenzando a escribir la tercera parte de una trilogía de novelas, por lo cual —respuesta tramposa— te diría que en este momento los géneros que me resultan más cómodos son esos dos. Pero eso no sería verdad, o tal vez solo una verdad a medias. Creo que esta capacidad de saltar de géneros resulta ventajosa, porque te permite moverte en varios registros de trabajo, pero es también angustiante, pues no en todos logras desarrollarte de la misma manera y exige siempre un esfuerzo doble o triple mantener al día lecturas, investigaciones y escrituras. No es imposible, pero agota.

Por otro lado, creo que mi lenguaje de escritura se adapta muy bien a la novela y que siempre, en todo lo que escribo, hay teatralidad y poesía. Si tuviera que definir tres centros —un triángulo, una tríada— serían esas. Los temas varían de acuerdo con mi necesidad de desarrollarlos. Aparecen y desaparecen. Regresan y se marchan. Algunos son obsesivos, permanecen siempre. Son como los amores. Siempre es hermoso verlos partir. Siempre es hermosos verlos regresar”.

¿Qué libro (s) o autor (es) no pueden faltar en la biblioteca de Elaine?

“Solo algunos: Salman Rushdie, García Márquez, Cortázar, Saramago, Nabókov, Sartre, Rimbaud, Martí, Faulkner, Omar Khayyam, Tolkien, China Miéville, Úrsula K. Le Guin, Joan De Vinge, Gina Picart, Pizarnik, Frazer, Loynaz, Lina de Feria, Wichy Nogueras, Dea Loher, Sarah Kane, Elfriede Jelinek. Es una biblioteca incompleta esta que te muestro, pero estos serían, al menos, los autores con los que habitaría una isla desierta en otra dimensión”.

Supongamos que estás nominada al Nébula de literatura, ¿con qué libro de tu obra actual te gustaría competir?

“Es una pregunta que resulta difícil de contestar, lo confieso, pues siempre he creído que lo mejor de mi obra se escribirá en años venideros, cuando mi trabajo madure y se asiente correctamente en base a investigaciones culturales y procesos naturales de la vida: evolución. Pero si me pides que concrete a este momento real en el cual me encuentro, pues sin pensarlo mucho te respondo: me gustaría competir con mi trilogía de novelas El trono de Ecbactana, cuyo primer texto, La ciudad de las máscaras, se publicará en la Feria del Libro del 2018, por la colección Ámbar de la Editorial Gente Nueva, al cuidado de Gretel Ávila y con ilustraciones de Duchy Man Valderá. Es un libro que me emociona. Y, porque creo que el sentimiento es universal, estoy segura que emocionará también al público, porque ya lo he leído desde la distancia, colocándome en tercera persona, sin pensar en la Elaine que lo creó. Confío en él. En años siguientes (2019 y 2020) verán la luz, las dos partes restantes de la trilogía: La flor transparente y El águila bicéfala, respectivamente… aunque estoy casi segura que estos tres libros, a la larga, se van a transformar en una saga de novelas.

También eso es algo que me emociona: pensar en esta saga como un amor largo, del cual no tendré que despedirme tan pronto, y que engendrará nuevos hijos. Así que, Nébula, prepárate”…

¿Hay algún texto en proceso? Pudieras adelantarnos algo…

“Ahora mismo me encuentro inmersa en la escritura de la tercera parte de la trilogía. Paralelamente, realizo una investigación sobre la vida de Marilyn Monroe, la famosa estrella del cine norteamericano, que conducirá a una obra
de teatro que ya está a punto de concretarse; y también quisiera, en los meses venideros, comenzar a escribir un libro sobre los niños músicos. Como imaginarás, una parte de este texto es una autobiografía; aunque especialmente nunca me han interesado los libros testimonios, creo que es una buena oportunidad para hablar de un mundo que conozco y de experiencias —hermosas y duras— que marcaron mi infancia y adolescencia.

Hay otros planes en proceso: un libro de cuentos para adultos, una obra de teatro y quisiera, quién sabe, escribir para el cine en algún momento de mi vida. De cualquier manera, disfruto este instante en que los libros son aún solo míos y están guardados en algún lugar entre mi mente, mi corazón y la página escrita, a medio camino entre la vida y el silencio. Este es el único instante en que la maternidad literaria me hace cerrar los ojos y ser feliz, antes de que llegue luego el ruido del mundo”.

Fecha de nacimiento: 3 de abril de 1989.
Lugar de nacimiento: La Habana.
Color preferido: verde y rojo.
Autor preferido: Uno de ellos, escogeré al azar: Saramago.
Libro: El evangelio según Jesucristo, de Saramago.
Hobby: Cantar la música de Amy Winehouse.
Lo que más admiras de una persona: La sinceridad, el corazón limpio.
Lo que no toleras: El engaño, el oportunismo, las múltiples caras de la envidia, las amistades falsas.
Tu lugar preferido de la ciudad: Mi casa, que es el centro de mi corazón, allá en Playa.

 

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