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La leyenda del pañuelo mojado en sangre

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Publicado: 
Miércoles, 21 Diciembre 2016
Imágenes: 
Lázaro David Najarro Pujol
Plaza de la Revolución “Joaquín de Agüero y Agüero”

La hipótesis de que el niño Ignacio Agramonte y Loynaz mojara su pañuelo con la sangre de los cadáveres de cuatro patriotas ejecutados por la metrópoli española en la sabana de Beatriz Méndez es una leyenda, consideró en la ciudad de Camagüey la Premio Nacional de Historia 2015, Elda Cento Gómez.

El 12 de agosto de 1851 fueron fusilados en las afueras de la villa de Santa María del Puerto del Príncipe Joaquín de Agüero, Fernando de Zayas, Tomás Betancourt y Miguel Benavides. En el sitio, hoy se encuentra la Plaza de la Revolución «Joaquín de Agüero y Agüero», en honor al primer cubano que les dio la libertad a sus ocho esclavos el 23 de enero de 1843: Gregorio, Casimiro, Victoriano, Juan de la Cruz, Josefa, Felipe, Tomás y Lucas.

El mito añade que con ese gesto, Agramonte, con solo nueve años de edad, sellaba un compromiso con la memoria  de los mártires de la sabana de Beatriz Méndez. También se plantea que «no fue en la sabana donde rubricó su pacto de sangre con la memoria de Agüero y sus seguidores, sino en el cementerio. Que allí llegó en compañía de una criada negra».

Refieren asimismo que un extranjero anónimo fue quien mojó su pañuelo con la sangre de Agüero y que después dialogó con Ignacio sobre lo que significaba la sangre derramada por la libertad y; entonces, «el niño le expresó el deseo de conservarla”. El forastero “apretó su pañuelo al del pequeño Agramonte para marcar en él también la huella de la sangre generosa”.

La investigadora opina que es una intención hermosa la leyenda del pañuelo mojado en la sangre de Agüero que se dice que llegó a manos del niño Ignacio. «Es un símbolo hermoso que indica que el recuerdo de Agüero se integró con el aire, con el viento y el agua de Cuba”.

El 4 de julio de 1851 Agüero se declaró en rebelión contra la metrópolis española y redacta un acta de independencia. Con un grupo de conspiradores marcha hacia Las Tunas con el propósito de tomar la demarcación por asalto.

Por un lamentable error combatieron entre sí y tuvieron que retirarse.

Tiempo después Joaquín de Agüero y Agüero y sus hombres fueron atacados por las fuerzas españolas en la finca San Carlos de Melilla. Fracasado el movimiento se dirigieron a la costa norte, donde fueron capturados el 23 de julio. Los conspiradores quedaron incomunicados en el otrora cuartel de Caballería «hoy museo provincial Ignacio Agramonte» donde se formó un Consejo de Guerra Sumarísimo para juzgarlos.

Cuenta la historia que se ofrecía el indulto a los reos a cambio de su arrepentimiento y la firma de una declaración de adhesión a España. La respuesta de Agüero, de 40 años de edad, fue más que clara: «No haría traición a sí mismo pues siempre había sido fiel a sus principios de honradez y que nada recordaba en su vida que lo avergonzara…».

Joaquín de Agüero, hizo más que el acto legal de darles la libertad a sus ocho esclavos, precisó Elda Cento, sino que le entregó tierras y «lo mínimo necesaria para ponerlas en producción y darles un nuevo sentido a la vida”.

La historiadora Elda Cento destacó que Agüero dejó importantes huellas en El Camagüey: las cuatro palmas que honran en el Parque Agramonte la memoria de los fusilados, la historia de las mujeres camagüeyanas que cortaron su pelo en señal de protesta y la leyenda del pañuelo mojado en la sangre de los patriotas.
 

Premio Nacional de Historia 2015, Elda Cento Gómez.
Recuerdo de los patriotas.
Los niños rinden homenaje a los mártires
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