Martes, 20 de Noviembre de 2018 - 6:28 am

Más humanos: sin violencia

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Publicado: 
Sábado, 6 Diciembre 2014
Por: 
Antonio López Sánchez
Antonio López Sánchez
Imágenes: 
Ilustración Saroal
Ilustración: Saroal.

Sin dudas, la violencia es uno de los más despreciables comportamientos que existen. Sea ejercida contra un animal, sea hacia la naturaleza o el entorno, o en la peor de sus formas, dirigida hacia otras personas, jamás resulta elogiable, ni válida.

En busca de opiniones más sólidas sobre el tema, entrevistamos a Aurora García Morey, quien es doctora en Ciencias Psicológicas y profesora titular de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana. Veamos entonces algunas manifestaciones de este azote en nuestros predios nacionales, aprendamos cómo detectarlo y, sobre todo, cómo combatirlo.

El primer paso para enfrentar cualquier fenómeno es descubrirlo. La doctora García Morey nos ofrece una definición clara.

Se entiende por violencia cualquier acto que vaya en detrimento de la integridad física, psíquica, psicológica, fisiológica o de funcionamiento, de una persona cualquiera. Usted puede, incluso, tener una acción sobre una persona y que su intención no sea tener una acción violenta, pero si el efecto es de daño, eso es violencia.
Aunque nos parezca a veces lo más normal del mundo, a diario vemos, estamos expuestos, o hasta cometemos acciones violentas. Va desde empujar a los demás para subir a un ómnibus o entrar primero a cualquier sitio. Pasa por decir frases groseras, o intentar tocar contra su deseo, a una muchacha, supuestamente intentando piropearla. Y llega hasta el mortificar a alguien con burlas o con acciones físicas que dañan su integridad.

¡Oye, mi’jita,
ya te he dicho
que dejes
la mala
forma...!

Hay personas que tienen naturalizada la violencia. Hacer ruido, obstaculizar el paso, molestar a los demás, burlarse de los otros, tener una conducta exhibicionista que puede violar los límites del pudor o los patrones morales o sociales de otro, todo eso también es violencia. Te pongo unos ejemplos muy sencillos, aparentemente inofensivos, pero en verdad muy dañinos. Aquí todo el mundo grita. El gritar está nacionalizado, y no se ve como una agresión. Todo el mundo pone la música alta, todo el mundo irrespeta los espacios físicos o habitacionales o el derecho de otras personas. Ahí hay violencia

La espiral de la violencia

La violencia solo genera… más violencia. Esa interminable espiral puede ser fuente de terribles males. La doctora nos explica dónde pueden originarse estas conductas.

La violencia surge a partir de muchas causas. Hay factores fisiológicos, psicológicos y sociales. Hoy, por ejemplo, hay mucha importancia de los factores mediáticos. Indudablemente, el mundo actual es un mundo donde predomina la violencia. Y es lo que recibimos a través de la radio, de la estridencia, de la grosería en la música, de la televisión, las películas… De pronto, he discutido con un director de televisión, porque para tener una mayor teleaudiencia, el conductor asume patrones lingüísticos vulgares y un comportamiento absolutamente marginal. Hay que hablar de todo, hay que llevar los temas a los medios, no ocultarlos, no callarlos. Hay que visibilizar la violencia. Pero eso no significa reproducirla, violar el liderazgo de opinión que establecen los medios, con la difusión de malas prácticas.

Hay un programa donde la audacia se resume a sentarse en el respaldo de una silla, o por vestirse de una forma muy agresiva. Eso me ataca, eso es irrespeto.

Nos cuenta García Morey que, muchas veces, ni siquiera se sabe que se está siendo violento. Sin embargo, es necesario saberlo, justo para evitarlo.
Los adolescentes no saben cuán violentamente se comportan entre sí, en determinadas situaciones
y relaciones habituales. Porque esos comportamientos se han naturalizado, se han hecho comunes. Ellos no saben que están siendo violentos y eso puede derivar en más violencia. Hay violencias donde la persona no está consciente, no disfruta el placer de causar daño al otro, pero la ejerce y lo causa. Como las bromas excesivas contra alguien, como dejarse llevar por el grupo en determinadas acciones o comportamientos, aunque a lo mejor individualmente no se desea. Por lo tanto, hay que enseñar, y hay que aprender a respetar. Para que te respeten a ti, debes respetar a los otros. La violencia pasa por el conocimiento de los límites. Esa es una regla vital. Hasta dónde
La doctora Aurora García Morey nos ofrece opiniones muy sólidas sobre el tema de la violencia.

¡puro, coja un taxi!

permitir, hasta dónde puedo llegar, sin violar los límites del otro y sin convertirme en victimario del otro.
Combatir la violencia sin violencia Existen las armas para enfrentar estos fenómenos.

La educación, la cultura en su más amplia acepción, entre otras posibilidades, son los muros de contención contra estos males.

Los medios son muy influyentes, tienen mucho poder, para bien, y no hay que satanizarlos. Ahora, desdeellos es necesario lograr que los receptores tengan una conciencia crítica, una capacidad de lectura, para no dejarse arrastrar o avasallar por esos mensajes. Los medios crean liderazgo de opinión, de educación, de cultura. Pero hay que entonces ser culto, educado, para lograr la efectividad de la trasmisión de ese liderazgo.

En el caso de las opciones recreativas, también podemos hacer más. Nos encanta defendernos. Cómo van a decir que no hay espacios para los adolescentes, decimos. Entonces hacemos algo una vez al año, nos creemos que es la octava maravilla y ya con eso nos limpiamos. Y no funciona si los muchachos lo ignoran, si lo ven cheo, si no hay sistematicidad… Si no ofreces algo, alguien lo va a ofrecer. Si te ofrezco variantes atractivas, propias de tu edad, y de tus intereses, que no sean de métodos didácticos bobos, que impliquen el reto, la hazaña, no tienes por qué ir a
caer en conductas marginales, violentas. Hacer, crear ese ofrecimiento, corresponde a todos: a la sociedad,
al Ministerio de Educación, al de Cultura, a los medios, a la familia, a la escuela. Esa red social que está
alrededor de un adolescente tiene que darse cuenta del papel que le toca jugar para que ese mismo adolescente
no se desvíe en un facilismo, o en un espacio que no ha sido cubierto, y donde la violencia es muy abundante en muchas formas.

Cualquier alerta sobre el ejercicio de violencia es poca. Hay que luchar por no convertirnos en una comunidad
violenta. Aunque nuestra sociedad no inducea la violencia, sí la estamos naturalizando, por determinadas razones actuales, y eso no lo podemospermitir. Hay que potenciar en su lugar los valores de amor, de solidaridad, de buenas relaciones entre las personas, de educación, de cortesía. Por eso no se es ni menos hombre, ni menos mujer, ni menos valiente.

Al contrario, cuando practicamos esos valores positivos, somos mejores seres humanos.
¡Imagínate! De tal palo tal astilla...
 

Ilustración: Saroal.
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