Lunes, 11 de Diciembre de 2017 - 12:48 am

Recordando a dos HÉROES

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Publicado: 
Viernes, 4 Agosto 2017
Por: 
Jorge V. Jaime
Imágenes: 
Archivo
En 1957 los esbirros de la dictadura de Fulgencio Batista asesinaron a balazos a Frank País y a su compañero de armas, Raúl Pujol, dos chicos sencillos que soñaban con una Cuba hermosa.

El año 1957 fue fatal para Santiago de Cuba: los esbirros de la dictadura de Fulgencio Batista asesinaron a balazos a Frank País y a su compañero de armas, Raúl Pujol, dos chicos sencillos que soñaban con una Cuba hermosa.

Los valerosos revolucionarios perdieron la vida en el Callejón del Muro, de la oriental ciudad, el 30 de julio de 1957, cuando tras ser detenidos por soldados del ejército y delatados por viles colaboradores de las fuerzas represivas, fueron ultimados a golpe de metralla.

“¿No sabe quién es este, coronel?”, vociferó un chivato tratando de congraciarse con el jefe de patrulla. “Es Frank País”, dijo, y comenzaron a golpearlos antes de vaciar las municiones de sus ametralladoras. A Frank lo empujaron hasta el
callejón y dijo allí el coronel batistiano: “Todo el mundo tiene que tirar, y que sirva de escarmiento para todo Santiago”.

Con anterioridad, cerca del mediodía de aquel 30 de julio, Frank, líder del Movimiento Clandestino, se había reunido con otros compañeros en casa de Pujol para intercambiar detalles acerca de la compra de armas en apoyo a los rebeldes en la Sierra Maestra.

Luego que trascendió la delación de una mujer sobre la presencia de País, los jóvenes lograron salir de la vivienda en dirección contraria al trayecto de la policía, pero fueron interceptados por otro grupo de gendarmes flanqueados por más
chivatos.

Sobre el cuerpo de Frank los esbirros arrojaron un arma de fuego para luego afirmar que había sido él quien primero  agrediera a los uniformados. La madre de Frank, Rosario, hacía solo un mes que había perdido a su otro hijo, Josué País. El testimonio de aquella recia mujer estremeció a toda Cuba.

El líder de la clandestinidad tenía solo veintidós años al morir y su prometida, América Domitro, tuvo que velar el cuerpo de su amado. Fue Vilma Espín y un grupo de mujeres del Movimiento 26 de Julio quienes exigieron la devolución del cadáver de Frank.

Durante el sepelio, cuadras y cuadras de santiagueros abarrotaron las calles de la indómita urbe y muchos  establecimientos no abrieron sus puertas como homenaje a la memoria del gran revolucionario.

A 60 años del hecho, en nuestra Cuba actual, cada 30 de julio —Día de los Mártires— regresan nuevamente las flores y los tributos para esos jóvenes en la hoy nombrada Placita de los Mártires, lugar donde muchos de estos cubanos de mérito se daban cita en aquella época gloriosa, dirigidos por el entonces líder de la lucha clandestina: Frank País García.

 

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