Martes, 18 de Septiembre de 2018 - 1:59 pm

Tamborcitos de Bejucal

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Publicado: 
Lunes, 15 Junio 2015
Por: 
Antonio López Sánchez
Antonio López Sánchez
Imágenes: 
Ismael Almeida
Tamborcitos de Bejucal

La música lo invade todo. La calle se llena de un retumbar de latidos. El pueblo parece un corazón gigante que vibra al ritmo del tambor. Son los niños y niñas que integran el taller de enseñanza de la conga bejucaleña, Los Tamborcitos de Bejucal, en la localidad homónima.

Con su génesis en un ya lejano proyecto, Los Yeyitos, que creara el conguero Rogelio Pérez López, la actual labor de enseñanza hereda y continúa un importante trabajo. Con sede en la casa de la cultura Félix Pita Rodríguez, este taller es un vital centro de formación musical y educativa, además de ser un fructífero generador de relevos para diversas agrupaciones. Su alma y centro, el profesor Alexis Hernández Pérez, nos revela algunos detalles.

“A los muchachos se les evalúa con una prueba elemental, que consiste en hacer la clave cubana. Si tienen condiciones, entonces reciben clases de percusión cubana, que es lo fundamental. Les doy marcha, cumbia, mozambique, les enseñamos a diferenciar los géneros. Ahora, lo fundamental es la conga bejucaleña”. Me explican que la conga de esta región es muy diferente a la santiaguera. Por ejemplo, la conga de Bejucal es más rápida, más enérgica. También hay diferencias con instrumentos y armonías. En la conga santiaguera se usa la corneta china.

La de Bejucal utiliza trompetas y trombones y armonías con influencias procedentes de las bandas militares. Estas congas, en sus orígenes, se apropiaron de esos instrumentos de las bandas y de diferentes sonoridades.

Asimismo, se toca la conga con dos rejas (dientes del arado, solo usados en este formato), una campana y un cencerro.

Otro detalle interesante está en la participación femenina. “El taller tiene ahora mismo 32 integrantes. Entre ellos hay cinco muchachas. Esta ya es la quinta generación de Los Tamborcitos, pero en algún momento llegamos a tener hasta doce de ellas. Y ya hay unas cuantas que son profesionales en la actualidad”.

Estos talleres de Los Tamborcitos de Bejucal también cargan consigo una misión mayor. Algunos de sus niños y niñas integrantes han tenido en algún momento familias disfuncionales o problemas de comportamiento.

Alexis nos hace la historia: “Han existido integrantes de Los Tamborcitos que llegan con problemas familiares o de conducta. Y gracias a la música, al taller, al estudio, se hicieron hombres y mujeres de bien. Además, y esto es muy importante, si no se comportan en la escuela y no sacan buenas notas, no pueden venir a tocar. Si sus maestros me dicen que no se están portando bien, pues no hay tumbadora ni toque. La disciplina es lo principal. De hecho, no son pocos los padres que han venido a decirme que en este espacio hemos salvado a sus hijos. Por eso mismo nos ayudan tanto en todo”.

Una buena prueba de los frutos de esta labor es que, cinco generaciones de Tamborcitos después, el propio maestro puede constatar los resultados. Un brillo especial recorre los ojos de Alexis y el orgullo se le nota en la voz, en las palabras, en las manos que se aquietan por vez primera en toda la entrevista.

Yansi Páez Márquez (Primer trompeta de Los Tambores de Bejucal y director musical del grupo).
Tocar cualquier instrumento musical es muy difícil. Pero yo siempre digo que con estudio todo se puede. A mí quien me ayudó fue este taller, yo empecé con percusión. Aprendí por todas partes, preguntándole a todo el mundo. Me iba a La Habana, a la Sala Polivalente con trompetistas de allá, y trataba de hacer lo mismo que ellos. Al final estudié como músico de banda y me gradué en Bejucal. Y hace ya dos años soy miembro de Los Tambores, hago la dirección musical del grupo y también compongo. De hecho, en el próximo disco hay un tema mío.

Ángel Rubén García Guerra. En Los Tamborcitos las clases te dan ritmo, te dan una base para poder estudiar otros instrumentos. Por eso he ido fajándome poco a poco con todos y ya toco piano, guitarra y batería. ¿Música? No, no, yo toco todo eso de oído. Es ponerle empeño y tratar y tratar hasta que lo haces. Quisiera tener la oportunidad de estar en un buen grupo musical, sobre todo la percusión menor, que me gusta mucho. Pero, mientras tanto, agarro todo lo que pueda y lo pongo a sonar.  

Elyn Caridad Medina Machín. Fue gracias a mi tía Teresa que estoy aquí. Ella me trajo a ver al profesor Alexis, hice la prueba, y me aceptaron. El sonido de la tumbadora siempre me gustó mucho y quise aprender a tocarla. Ahora estoy en una escuela de arte y estudio percusión. Me gustaría tocar en una banda con una batería bien grande, con muchos platillos y un montón de tambores. Me siento muy bien en Los Tamborcitos.

“De Los Tamborcitos, los primeros, la gran mayoría hoy son profesionales, y lo más importante, muchos pudieron estudiar, han llegado al nivel superior de música y se han graduado. Cuando los veo me siento muy contento.
Además, por grandes que estén o famosos que sean, ninguno me olvida. Yo soy el que los inició.  No soy un maestro graduado, soy un músico empírico. Lo poco que sé lo enseño, y ya hay unos cuantos que me superan, que saben más que yo. Eso me pone muy contento. Es un orgullo, para cualquier maestro, que su alumno sea mejor que él”.

Entonces, se da la señal y vuelve la magia. Rompen a sonar los cueros. Estalla el chisporrotear metálico de rejas y cencerros. Alza su voz una trompeta. Enrojecen las manos. Se crispan los rostros. En viva y tangible magia, a golpes del corazón, poco a poco se hacen posibles los sueños. Y el presente sale a bailar con el futuro, al ritmo de Los Tamborcitos de Bejucal.

Integrantes de los Tamborcitos de Bejucal.
Integrantes de los Tamborcitos de Bejucal.
Integrante de los Tamborcitos de Bejucal. Foto: Ismael Almeida.
Integrante de los Tamborcitos de Bejucal. Foto: Ismael Almeida.
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