Martes, 23 de Mayo de 2017 - 5:15 am

Un estilo único

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Publicado: 
Jueves, 6 Abril 2017
Por: 
Marta Macías Pérez. Especialista del Museo Postal Cubano José Luis Guerra Aguiar.
Imágenes: 
Marta Macías Pérez. Especialista del Museo Postal Cubano José Luis Guerra Aguiar.
1967. Clausura del Salón de Mayo. Hoja Filatélica.

Al caminar por La Rampa capitalina y aproximarnos a una de sus céntricas intercepciones, llama la atención la concurrida esquina a la que tantas  personas  acuden. Justo allí confluyen  la heladería Coppelia, el cine Yara y el hotel Habana Libre. Si detienes tu vista comprobarás que en este último existe un majestuoso un mural de cerámica. Te facilitamos algunos datos para que lo localices: está  conformado por 6 700 000 piezas cúbicas, en una superficie de 69 metros de largo por 10 metros de alto y predomina el color azul,  fue realizado por una pintora y ceramista cubana que lo tituló “Las Frutas Cubanas”.

De esa gran artista comentaremos en esta ocasión, para recordarla por la magnífica obra que disfrutamos aún pasados los años, legada a las nuevas generaciones. Ella es Amelia Peláez del Casal, nacida el 5 de enero de 1896 en Yaguajay, Sancti Spíritus, quien falleciera  a los 72 años, en abril de 1968.

Su formación se inicia en la Academia de Arte San Alejandro, de la mano del eminente pintor y maestro Leopoldo Romañach. De este período destacan obras como Gundinga (1931) y Mujer (1933), en las que puede apreciarse el comienzo de una creatividad muy propia y peculiar.

Posteriormente viaja a Europa y en París desarrolló estudios que le permitieron perfeccionar su técnica y romper con la pintura académica y estrictamente  figurativa de la época. A su regreso a la Isla decide pintar con una nueva perspectiva, centrada  en sus raíces e identidad, con una atmósfera intimista.

Es por ello que en sus trazos aparecen ornamentos de la arquitectura colonial, como vitrales, balcones y rejas, que se unen a elementos del entorno como frutas y flores, en los que resaltan los brillantes colores de la luz del trópico. Este detalle se hace palpable en sus cuadros: El Mantel Blanco, 1935; Mujeres, 1958 y Pez, 1960, por solo mencionar algunos.

La autora también incursionó en la cerámica, en los años 50 del pasado siglo, llamando la atención con sus atractivas formas geométricas sobre el barro y extendió su interés hacia la realización de murales, ya fuera de forma individual o colectiva. Por ejemplo el realizado en el edificio ubicado en la calle O y 21, frente al Hotel Nacional de Cuba, conocido por Edificio Esso de La Habana, inaugurado en 1951.

Otros pintores cubanos, también reconocidos internacionalmente, dejaron su huella en esa instalación, como René Portocarrero y Wifredo Lam, sobre ellos podremos conversar en otra ocasión.

De igual modo podemos mencionar el llamativo mural colectivo que se encuentra en los fondos del Museo Nacional de Bellas Artes y recoge su impronta, junto a la de varios artistas cubanos y de otras naciones, invitados a participar en el XXIII Salón de Mayo de París en La Habana,  realizado en 1967.

La filatelia cubana ha perpetuado la obra de Amelia Peláez en sellos, hojas filatélicas y tarjetas postales. De este modo es posible admirar las maravillas del patrimonio de las artes visuales, representativas de nuestra cultura nacional.

 

1978. Pintores cubanos. Amelia Peláez. El mantel blanco.
1978. Pintores cubanos. Amelia Peláez. Hoja Filatélica.
1978. Sobre de primer día. Pintores cubanos. amelia peláez. Mujeres. Valor 6c. Pez
2008. Aniversarios Hoteles Gran Caribe. Hotel Habana Libre. Valor 10c.

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