Martes, 25 de Septiembre de 2018 - 10:53 am

Y el Granma navega de nuevo…

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Publicado: 
Domingo, 4 Diciembre 2016
Por: 
Lucía Sanz Araujo
Imágenes: 
Luis Pérez (Casa Editora Abril)
Don Felo cuida con esmero esta réplica vegetal del Granma.

Sin moverse de su emplazamiento, en el Memorial homónimo, contiguo al Museo de la Revolución, en la capital cubana, por obra y gracia de Rafael Rodríguez Ortíz, don Felo, el yate Granma se “trasladó” hasta el Bosque Martiano del Ariguanabo, en la provincia de Artemisa.

Él nos cuenta:

“La historia no se detuvo en los acontecimientos de la guerra de independencia, de la guerra necesaria propugnada y organizada por Martí, así hemos tratado por todos los medios de hilvanar la historia digna y heroica de Cuba, de nuestras luchas”.

“Por eso creí, muy necesario, que en el Bosque los niños, los jóvenes, los estudiantes, todos los visitantes, entre ellos los numerosos extranjeros que nos visitan, conocieran —entre otros hitos— la existencia del yate Granma que vino de México, procedente del puerto de Tuxpan, y que tras una procelosa travesía arribó a la costa sur de Cuba, por Los Cayuelos, muy cerca de playa Las Coloradas, con Fidel Castro Ruz al frente”. Es así como en una de las áreas hallamos un sencillo, pero sentido y singular homenaje. Sí, porque Rodríguez Ortíz conformó, mediante piedras  —a las que, nos asevera, pondrá el nombre de cada expedicionario—, y árboles, la silueta de la embarcación, con sus medidas exactas. Si lo deseas, puedes comprobarlo.
Mas nos aguarda otra singularidad: las especies maderables plantadas son aquellas con que se construyó la embarcación: pino, jigüe, cedro, majagua, caoba, teca y roble. Ello fue verificado mediante la revisión de diversas fuentes bibliográficas, a lo que se añaden consultas al director del Museo de la Revolución.

De Oriente y de toda Cuba

Varios de estos árboles no era factible hallarlos en la occidental provincia de Artemisa, ¿qué se hizo entonces?, se trajeron de diversos lugares; el jigüe, por ejemplo, procede de Niquero, en la provincia de Granma, en el oriente cubano, sus poderosas raíces atesoraban abundante tierra negra y arenosa; en el caso de la teca, cuya madera es muy utilizada en construcciones navales dada su resistencia al agua de mar, proviene de Matanzas.  

Dentro del conjunto sobresale una piedra, semejante a una voluminosa embarcación. En ella se reflejan datos relativos al Granma: fecha de fabricación, 1939; medidas de la eslora, manga y puntal; su salida desde el puerto de Tuxpan, México, y su llegada a Los Cayuelos, el 2 de diciembre de 1956, a las 5:40 de la madrugada.

Un elemento especial no pasa inadvertido para quienes buscan detalles. La piedra está flanqueada, a la izquierda, por un grupo de cactáceas, con ello se señala la salida de México, en tanto a la derecha crece una ceiba custodiada por una palma real, símbolo de la villa del Ariguanabo.  

“Estas tunas, muy comunes en nuestro país, quisimos que los pioneros las vieran bien de cerca; además, les hablamos de cómo es la flora y otras características de la nación azteca que cuenta con un nopal en su escudo, promovemos el conocimiento y a partir de ahí que sientan el amor y cariño por nuestros hermanos países de América, uno de los sueños de José Martí”, concluye Rodríguez Ortíz.

Una historia interesante tiene el ilama (Annona macroprophyllata), una anonácea de grandes hojas sembrada en la “popa” del Granma.

Una postura le fue regalada a don Felo por el Doctor Adolfo Rodríguez Nodal, jefe de la Agricultura Urbana en el país. Semanas más tarde, fue plantado por el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez, uno de los expedicionarios del Granma.

En cuanto a la “proa” tiene como compañeros a dos guayacanes. Con ellos, el padre del Bosque quiso representar el sentido de la firmeza de los cubanos, amén de potenciar especies autóctonas o nativas que ya apenas se siembran en esta parte del archipiélago.

El área fue inaugurada el 2 de diciembre del año 2003. Entonces, se plantaron pequeñas posturas, que hoy, trascurrida más de una década, asombran a quienes las vieron nacer dada la frondosidad del sitio, donde se ha formado una especie de techo vegetal. Todos han enraizado de forma favorable, desarrollado con vigor y sirven de cobija a aves, lagartijas y otros animales. Allí, palpita la vida.

 

Una piedra  que “habla”.
Pinus caribaea.
Cetáceas: nos remiten a la hermana República mexicana.
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