Miércoles, 15 de Agosto de 2018 - 2:22 pm

Y los sueños...¡sueños son!

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Publicado: 
Lunes, 6 Agosto 2018
Por: 
Marcía Rodríguez
Imágenes: 
Jesús
Ilustración: Jesús.

Asesora: MCs. Dra. Leticia B. Rodríguez, especialista en psiquiatría infanto-juvenil.

La presencia amenazante interrumpe el plácido discurrir del sueño. ¿Acaso duermes? Unos ojos malignos destellan en la oscuridad y el sonido de esa caja de música brota desde el último rincón del cuarto. Ahora lo ves.

Avanza el ser informe y un grito se te clava en la garganta. No puedes huir. Tus piernas y brazos parecen de mármol.

Ya está muy cerca. Transpiras. El corazón, vertiginoso, vuela palpitante. No puedes respirar. Un paso más y el ente sobrenatural estará sobre tu pecho.

Te agitas y… ¡de un golpe abres los ojos! Sabes que ya no conseguirá alcanzarte. La horrorosa pesadilla recoge su manto de sombras y va a ocultarse, junto a las otras, en algún rincón de tu inconsciente.

A veces, los sucesos angustiantesque ocurren durante el día degeneran en pesadillas. Esto constituye una manera de liberar las tensiones diarias. Los problemas en el hogar o escuela; el estrés ante un examen, evento deportivo o artístico; los cambios importantes como mudarse de casa, la enfermedad o muerte de un ser querido, entre otros factores, pueden provocarlas.

También emergen cuando nos sobreexcitamos con una película o libro de horror antes de dormir.

Asimismo, si padecemos fiebre alta o ingerimos algún nuevo medicamento, las pesadillas hacen su aparición.
Están consideradas, dentro de los trastornos del sueño, como una parasomnia al igual que el sonambulismo —episodios repetidos de levantarse dormido de la cama—, los terrores nocturnos —despertar súbito o abrupto, que comienza con un grito de pánico y que ocurren usualmente durante el primer tercio del sueño nocturno—, la enuresis —orinar en la cama durante el sueño—, el bruxismo —hábito involuntario de apretar o rechinar los dientes—, los somniloquios —hablar dormido—, entre otras.

Las pesadillas no son reales ni provocan daño físico, aunque sí es cierto que llegan a convertirse en un impedimento para conciliar el sueño debido al temor que puede experimentar el individuo a su ocurrencia.

El sueño tiene una función vital, pues repara el cuerpo cada día, consolida la memoria y favorece los procesos de atención.
Un cerebro cansado es un cerebro disminuido, por lo que una persona que duerme poco —o presenta dificultades para dormir— no pensará con agilidad, le faltará concentración y no prestará atención.

Existen algunas técnicas que puedes probar para tener las pesadillas bajo control: a menudo ayuda mucho explicar los malos sueños a un adulto de confianza.

El mero hecho de hablar acerca de la experiencia soñada es posible que te haga sentir mejor.
Algunos reescriben sus pesadillas poniéndoles finales felices. Otro truco es dibujarlas y, luego, ¡hacerlas pedazos!
¿Cómo evitarlas? Sigue una rutina de sueño sana. Trata de irte a la cama y despertarte a la misma hora diariamente. Si no consigues conciliar el sueño en unos quince minutos, sal de la cama y relájate en otro lugar.

No comas copiosamente ni hagas ejercicios bruscos antes de acostarte. No consumas bebidas energéticas, con cola o cafeína.

No veas películas ni leas libros de horror antes de irte a dormir. Dejar de estudiar, jugar a los videojuegos o utilizar los
aparatos electrónicos como el móvil al menos una hora antes de acostarte. No duermas con la televisión o radio encendidos. Tu ropa de dormir debe ser de colores relajantes como el verde o el azul.

Usa una lamparilla o luz nocturna tenue, con ella, si te despiertas en medio de una pesadilla, podrás ver cosas que te resultan familiares y recordar dónde estás.

No cierres del todo la puerta del cuarto. Esto te dará confianza en que podrás auxiliarte de tu familia si sientes mucho miedo.

Recuerda: ¡nunca se es lo suficientemente mayor para recibir un abrazo!

Los estudios y observaciones han producido varias teorías acerca de la función de los sueños:

Eliminación de residuos celulares del cerebro: durante el estado de sueño, el sistema glinfático —equivalente al sistema linfático—, se activa diez veces más en comparación al estado de vigilia, esto permite que los residuos de las células cerebrales se eliminen con mayor eficacia.

Simulacro de amenaza: sostiene que las personas practican en los sueños cómo sobrellevar las amenazas. En ellos el individuo puede luchar contra leones o escapar de una pandilla o responder resoluto cuando es humillado. Son simulacros. Esa práctica, aunque no la puedas recordar cuando despiertes, te ayudará a mantenerte en forma durante las horas de consciencia.

Consolidación de la memoria: postula que, durante la noche, el cerebro está trabajando para recopilar recuerdos. De hecho, la extrañeza que algunas veces se manifiesta en sueños puede ser el resultado del cerebro tratando de vincular dos cosas, que normalmente existen independientemente, pero que necesita relacionar.

Reducción del miedo: esta teoría dice que aprendemos o acumulamos muchos temores cuando estamos despiertos y, cuando dormimos, reducimos esos temores al llevarlos a contextos diferentes.

El 50 % de los adultos puede reportar haber tenido al menos una pesadilla durante su vida.
En el sexo femenino es más frecuente que el masculino, en una relación de 4:2, pero la prevalencia real de este tipo de pesadilla o terror nocturno se desconoce.

 

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