sábado, 10 septiembre 2005


Para disfrutarlas sin humo
Marquilla monocroma. Su diseño destaca al centro a la mujer aborigen sentada, al pie, la ubicación de la Fábrica de Cigarros La Solita y en pequeñas letras el crédito de La Litografía del Gobierno. La Habana del siglo XIX. Sobresale la Fábrica de Tabacos La Carolina de José Alonso y Compañía. Transeúntes y coches reflejan la vida citadina.

Gladys J. Gómez Regueiferos
Fotos: Cátalogo de la exposición:
El Arte del Tabaco

Cuenta la industria tabacalera de nuestro país con una particular historia, cuyo comienzo se registra desde la llegada de los colonizadores hispanos y la sorpresa de estos, al ver a los aborígenes, inhalar el aromático humo, que desprendía unas ciertas yerbas encendidas y llamaban: tabaco.

Pero el aspecto más atractivo a destacar es el papel que tuvieron entonces, las Artes Plásticas y la Litografía, en el auge que alcanzó el producto en el siglo XIX. Una especial relación que brindaría a la red comercial su imagen a través de las etiquetas conocidas como marquillas.

La exposición: El arte del Tabaco, en la sala transitoria del Museo Nacional de Bellas Artes, - en el edificio de Arte Cubano-, descorrió la cortina, sin humo, de los orígenes de tales etiquetas. Estas fueron concebidas para identificar la marca del producto, el nombre y dirección del fabricante, además de constituir una garantía, para preservarlo del fraude.

 Al principio la mercancía en cajones de pino, se marcaba con hierro al fuego o tinta; más tarde con la entrada de las técnicas litográficas y el embalaje de los tabacos en cajas de cedro se añadieron sin excluir, el cuño, las etiquetas.

Para su realización, los fabricantes contaron con un equipo de dibujantes egresados de la Escuela de Bellas Artes de San Alejandro. Estas consistían en pequeñas escenas ilustradas a un solo tono, en principio. El centro de la composición eran, por lo regular, figura femenina ataviadas a la moda o túnicas griegas del periodo clásico, con lujos de detalles en peinados,  detrás, escenas urbanas o campestre con el cultivo de la vega, platanales, palmeras, flores y alegorías a la industria y al comercio. Se incluían los escudos de La Habana y España, le adornaban las medallas ganadas en el extranjero por la calidad del producto, en un brillante dorado, con la muestra del anverso y reverso, algunas veces se señalaba al pie, el lugar donde fueron obtenidas. El número de ellas modificaba el diseño del conjunto, casi siempre de forma circular, que evolucionó según la época y los gustos e intereses de los comerciantes.

Las escenas fueron variadísimas así como los temas representados. Los artistas casi siempre anónimos. Gran números de ellas se imprimían en los Talleres de La Litografía del Gobierno, de la Real Sociedad Económica, en la imprenta del Comercio y en la Litográfica Moré y Ga. Y Ca. Y.

Las marquillas ganaron en color con la instalación, hacia 1850 de una máquina para hacerlas polícromas.

Desfilan ante nuestros ojos; preciosas escenas costumbristas, personajes de la literatura, el teatro, caricaturas y hasta composiciones poéticas; por eso las marquillas son un valioso patrimonio cultural, que nos permiten adentrarnos en el conocimiento de nuestra rica e interesante historia.                                                                                  

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