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Para
disfrutarlas sin humo
Gladys J. Gómez
Regueiferos
Fotos: Cátalogo de la exposición:
El Arte del Tabaco
Cuenta la industria
tabacalera de nuestro país con una particular historia,
cuyo comienzo se registra desde la llegada de los
colonizadores hispanos y la sorpresa de estos, al ver a
los aborígenes, inhalar el aromático humo, que
desprendía unas ciertas yerbas encendidas y llamaban:
tabaco.
Pero el
aspecto más atractivo a destacar es el papel que
tuvieron entonces, las Artes Plásticas y la Litografía,
en el auge que alcanzó el producto en el siglo XIX. Una
especial relación que brindaría a la red comercial su
imagen a través de las etiquetas conocidas como
marquillas.
La
exposición: El arte del Tabaco, en la sala
transitoria del Museo Nacional de Bellas Artes, - en el
edificio de Arte Cubano-, descorrió la cortina, sin
humo, de los orígenes de tales etiquetas. Estas fueron
concebidas para identificar la marca del producto, el
nombre y dirección del fabricante, además de constituir
una garantía, para preservarlo del fraude.
Al
principio la mercancía en cajones de pino, se
marcaba con hierro al fuego
o tinta; más tarde con la
entrada
de las técnicas litográficas y el embalaje de los
tabacos en cajas de cedro se añadieron sin excluir, el
cuño, las etiquetas.
Para su
realización, los fabricantes contaron con un equipo de
dibujantes egresados de la Escuela de Bellas Artes de
San Alejandro. Estas consistían en pequeñas escenas
ilustradas a un solo tono, en principio. El centro de la
composición eran, por lo regular, figura femenina
ataviadas a la moda o túnicas griegas del periodo
clásico, con lujos de detalles en peinados, detrás,
escenas urbanas o campestre con el cultivo de la vega,
platanales, palmeras, flores y alegorías a la industria
y al comercio. Se incluían los escudos de La Habana y
España, le adornaban las medallas ganadas en el
extranjero por la calidad del producto, en un brillante
dorado, con la muestra del anverso y reverso, algunas
veces se señalaba al pie, el lugar donde fueron
obtenidas. El número de ellas modificaba el diseño del
conjunto, casi siempre de forma circular, que evolucionó
según la época y los gustos e intereses de los
comerciantes.
Las
escenas fueron variadísimas así como los temas
representados. Los artistas casi siempre anónimos. Gran
números de ellas se imprimían en los Talleres de La
Litografía del Gobierno, de la Real Sociedad Económica,
en la imprenta del Comercio y en la Litográfica Moré y
Ga. Y Ca. Y.
Las
marquillas ganaron en color con la instalación,
hacia 1850 de una máquina para hacerlas polícromas.
Desfilan ante nuestros ojos; preciosas escenas
costumbristas, personajes de la literatura, el teatro,
caricaturas y hasta composiciones poéticas; por eso las
marquillas son un valioso patrimonio cultural, que
nos permiten adentrarnos en el conocimiento de nuestra
rica e interesante historia. |