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Abnegado ejército
Margarita Hernández Salgado
Este 22 de
diciembre se cumple el 44 aniversario de que Cuba lograra, lo
que aún en el planeta es una quimera: un país libre del
analfabetismo.
Esta fue una
de las primeras grandes metas alcanzadas por nuestra revolución
en sus comienzos, y constituyó una lección para el mundo entero,
de cómo es posible alcanzar uno de los derechos inalienables del
ser humano, la educación.
Y es que
Cuba desde los albores de su nacionalidad, ha contado con un
magisterio ejemplar: Varela, Luz y Caballero, Mendive, Martí,
Varona, Frank País y Raúl Ferrer, entre otros.
Una escuela
es una fragua de espíritu
¿Quién no guarda un recuerdo, sentimiento, un amigo, una lección
de su paso por la escuela?
Si hay una
obra que engrandece a la Revolución cubana, es la que se
continúa haciendo en materia de educar a la más joven
generación, porque la Campaña de Alfabetización sólo constituyó
un punto de partida. Hoy, precisamente, en la enseñanza media,
la más endeble a nivel mundial, estamos inmersos ante un nuevo
reto transformador desde sus raíces, con una concepción
humanista, centrada en la formación de valores imprescindibles
en el mundo tan complejo que nos ha tocado vivir.
Una vez más,
como entonces, la juventud protagoniza tan noble empeño. Muchos
han dejado a un lado otros proyectos donde pudieran obtener
ventajas materiales o de otro tipo, para consagrarse a una
tarea que en sí misma ennoblece. Por ahí van anónimos: Yusimí,
Asley, Yumaris, Yordanis, Boris, Lisbet, Yusniel y muchísimos
otros.
Por eso, el
22 del último mes del año, es momento propicio para reconocer a
tan abnegado ejército silencioso, los trabajadores de la
educación, que garantizan el futuro de la Patria.
Educar es
ante todo, una obra de infinito amor. |