Martes, 16 de Enero de 2018 - 6:34 am

8 de noviembre de 1902: Huelga de los Aprendices

Sábado, 8 Noviembre 1902

Al terminar la guerra de independencia de 1895, las dos terceras partes de las fábricas de tabaco estaban monopolizadas. El resto de las fábricas estaba en poder de pequeños propietarios, llamados independientes, muchos de los cuales eran españoles.
Tanto en unas fábricas como en otras, los peninsulares ocupaban los cargos de capataces, encargados y operarios, es decir los empleos mejor remunerados, con el pretexto de que los españoles eran los mejores conocedores del oficio.
Esta irritante situación se reflejaba también en le práctica discriminatoria que sufrían los jóvenes cubanos al no ser admitidos ni siquiera como aprendices, mientras que sí lo eran los emigrantes españoles. La única posibilidad de empleo que existía dentro de una fábrica de tabacos para los obreros nativos, era el trabajo en el despalillo y la galera (departamento en que los obreros devengaban los más bajos salarios).
Por todo ello, desde fines de 1901 y principios de 1902, los obreros tabaqueros, orientados por la Liga General de Trabajadores de Cubanos, desarrollaron una intensa actividad contra esa discriminación.
Se produjeron numerosas huelgas en las que, junto a otras cuestiones, se demandó la admisión de aprendices nativos, sin distinción de razas, en todas las labores especializadas del tabaco. Con igual fin tuvieron lugar decenas de conferencias, mítines y asambleas de distintos sectores obreros, principalmente en el tabacalero. Además, la Liga llevó a cabo una campaña de recogidas de firmas a favor de sus justas demandas, que fue refrendada por 2729 torcedores.
La situación se agudizó cuando el gobierno de Estrada Palma y el Congreso de la República se negaron a admitir las peticiones presentadas por la Liga a nombre de miles de trabajadores, entre las que figuraba la aprobación de una Ley de  aprendizaje que recogiera las justas aspiraciones de los aprendices.
En algunas fábricas, debido a la presión ejercida por los obreros, se acordó dar empleo a un número reducido de aprendices cubanos, pero después se comprobó que a estos no se les enseñaba el oficio, y que además, eran vejados por los capataces. Por otra parte, de numerosas organizaciones gremiales llegaban adhesiones solidarias al semanario ¡Alerta! órgano oficial de la Liga General de Trabajadores de Cubanos.
La situación se agudizó cuando el presidente Estrada Palma y el Congreso de la República se negaron a admitir las peticiones presentadas por la Liga a nombre de miles de trabajadores, entre las que figuraba la aprobación de una ley de aprendizaje que recogiera las justas aspiraciones de los aprendices.
La Liga General de Trabajadores celebró, en el propio mes de noviembre, varias reuniones con los dirigentes gremiales, quienes aceptaron a plantear como demanda central de la huelga, que los niños cubanos, sin diferencia de raza, fueran admitidos como aprendices en todas las fábricas de tabaco.

En el curso de las discusiones se creó un comité de huelga que planificó todo lo relacionado con la aplicación del paro. Este comité y el ejecutivo  central de la Liga se mantuvieron en sección permanente, en asamblea se aprobó clamorosamente un documento contentivo de las demandas que se presentarían a los patronos.
Estos rechazaron rotundamente las demandas presentadas, lo que reforzó el espíritu de lucha de los obreros tabaqueros se sumaron a la huelga.
En respuesta a la combatividad de los huelguistas, el gobierno desencadenó la represión: fueron atacadas todas las asambleas, clausurados numerosos locales y apaleados los trabajadores que participaban en manifestaciones públicas.
Ante el giró que habían tomado los acontecimientos, la Liga convocó a una asamblea a los distintos gremios de La Habana, en la que acordó llamar a una huelga general de solidaridad con los tabaqueros, y prácticamente todos los obreros de La Habana paralizaron sus labores.
Los tabaqueros contaron también con la lealtad de médicos, dentistas, farmacéuticos, estudiantes y renombrados patriotas e intelectuales progresistas.
El movimiento solidario se extendió a otras zonas del país, también los tabaqueros de Tampa y Cayo Hueso, así como la sección de la Liga en La Florida, enviaron dos comisiones portadoras de fondos para socorrer a los huelguistas, hasta de la lejana Rusia llegó el aliento solidario.
Esta huelga desenmascaró totalmente, por primera vez en la república mediatizada recién nacida, el carácter traidor al pueblo de la oligarquía pro yanqui, personificada en su primer gobierno, el de Estrada Palma. La clase obrera, a pesar de haber perdido la huelga a favor de una demanda social y patriótica que continuó agitando posteriormente durante décadas, se mostró a través de dicha acción como la única clase capaz de defender con firmeza, decisión y calor el derecho de los obreros cubanos a trabajar en su propia patria, por lo menos en igualdad de condiciones con los trabajadores extranjeros.

 

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