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 Alice
Walker
Pasajes de una vida
Hilario
Rosete Silva
Alice Walker,
destacada novelista, ensayista, y
poetisa estadounidense, una de las grandes
exponentes de la literatura minoritaria –fruto de autores
que pertenecen a las minorías étnicas del país–, nació en
Eatonton, Georgia, en febrero de 1944, y años más tarde cursó
estudios superiores en la universidad
pública del Estado, centro educacional de la ciudad de Atlanta.
La mayor
parte de su producción artística retrata la vida de mujeres
negras de principios del siglo XX, oprimidas y sumidas en la
pobreza, imagen que viene a denunciar los lugares comunes y
sórdidos de la discriminación racial.
Sus
personajes sobresalen por un lenguaje coloquial, claro y lleno
de música, estilo que ella misma definió, refiriéndose a dicho
modo particular de hablar la lengua inglesa, como inglés
popular negro (black folk english).
Sus
principales temas son el odio y el amor, las ansias de vivir y
el suicidio, los abusos y los derechos civiles. Todos parecen
obedecer a la necesidad de precisar la fuerza de la savia
africana sobre Norteamérica.
Justo tras
su regreso de un viaje al continente negro, en 1964, escribió
–se dice que en una semana– casi todo su primer libro de poemas:
Una vez (1968). A este le siguieron los títulos La
tercera vida de Grange Copeland (1970), y Meridiam
(1976). Pero la gloria y la fama le vinieron con la conquista
de los premios Pulitzer y Nacional del Libro por El color
púrpura (1982), novela que llevara al celuloide el famoso
director de cine Steven Spielberg (1985).
Luego publicó
Living By the Word (1988), En posesión del secreto de
la alegría (1991), A Writer's Activism (1997) y By
the Light of My Father's Smile (1998).
Presentó en Cuba su novela
Meridiana durante la XIII Feria
Internacional del Libro (La Habana, febrero de 2004). Allí
manifestó su gozo porque los cubanos comprenden su obra, aman
sus personajes y pueden reconocerse en ellos y reconocer a sus
antepasados.
Era la misma
hermosa y carismática mujer que en marzo de 1996 le escribiera a
William Clinton, entonces presidente de los EE.UU.: Amo a
Cuba y a su pueblo, incluyendo a Fidel. La ley que usted ha
firmado para endurecer aún más el bloqueo me hiere
profundamente. Yo viajo a la Isla cuando puedo llevar medicinas
y el pequeño, quizás insignificante, bienestar de mi presencia a
aquellos cuyo coraje y ternura han inspirado prácticamente toda
mi vida.
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