|
Rigoberta Menchú: la niña de Chimel
Rafaela Valerino
Fotos: Archivo

La
Casa Editora Abril publicó,
por primera vez en Cuba–desde las lejanas
tierras mayas-, la historia de una niña llamada Li M´in, que
vivía en Chimel, un poblado de Guatemala al pie de una montaña
que es como una almohada en la cual se recuesta el pueblo.
Mientras crecía, la pequeña Li M´in entraba
en contacto con el bosque y las plantas, y conocía a los
animales de su tierra, así como el espíritu nawal (ese
doble de nuestro Yo que cada ser humano posee, según la
tradición indígena).
La niña de Chimel,
como se titula este libro , es una historia contada a cuatro
manos por su protagonista Rigoberta Menchú Tum, con su amigo
Dante Liano (también guatemalteco y escritor). En ella se
recrean narraciones fascinantes de las que cuentan,
los abuelos: como la de los dos
niños que custodiaban el campo mágico de maíz; o aquella del
hombrecito que les trenzaba la cola a los caballos; o la
historia increíble del río que cambió su rumbo.
A continuación te ofrecemos un fragmento de
este bello libro, escrito con la sencillez de una mujer de
pueblo, pero a la vez con la poesía de quien conoce bien la
vida:
La
historia de mi nombre
Ahora les
diré un secreto: yo no me llamo Rigoberta. Sé que algunos se
podrán reír, porque he comenzado diciendo : Me llamo
Rigoberta. En realidad, me llamo Rigoberta y no me llamo
Rigoberta. Para aclarar este misterio, comencemos por el
principio.
Cuando yo nací, mis padres me pusieron el
nombre de mi abuela. Yo fui la sexta hija, y mis padres me
llamaron Laj M´in, como mi abuela. Mi nombre va cambiando
conmigo: Laj M´in cuando era pequeñita; Li M´in cuando todavía
no alcanzo la madurez completa, o cuando todavía no llego a
alguna sabiduría. Y cuando sea más respetada y tenga alguna
sabiduría de la vida me llamarán Chuch M´in. Hasta ahora no soy
Chuch M´in.
M´in es un nombre bonito. No está bien que
lo diga, pero me gusta. M´in es una forma de decir domingo, es
un día tranquilo y despejado, el día de la semana en que hay
fiesta. Llamarse así significa lo mejor de la vida: el sol, no
tener la obligación de trabajar, el cielo azul, los juegos todo
el día, un gran almuerzo en el centro, no tener preocupaciones.
El domingo es un día solar, alegre, juguetón. Por eso mi
carácter verdadero debería ser así... Yo disfruto mucho la vida.
Me río mucho, hago muchas bromas, digo chistes, soy optimista, y
creo que el bien puede vencer al mal. Es que me llamo Li M´in.
Mi padre tardó algunos días en ir a la
Municipalidad a registrar mi nombre. Cuando llegó, el secretario
municipal le dijo:
¿Qué
nombre le piensa poner a su hija?
M´in..
El secretario no estaba acostumbrado a oír
un nombre como ese. Arrugó el entrecejo, movió los bigotes, se
ajustó las gafas y le contestó:
Ese
nombre no existe, señor Vicente,
(porque mi papá se llamaba
Vicente).
Se pasaron toda la mañana discutiendo.
Sí existe, decía mi papá. No existe, decía el
secretario. Hasta que al final, con tal de cumplir con la ley,
mi papá cedió. Muy bien. M´in no existe. Entonces, ¿qué
nombre le pondremos?.
El secretario se levantó de su silla y fue
a examinar el calendario, que no era el de ese año, pero tenía
bonitas ilustraciones y, lo que era más importante, tenía los
nombres de los santos de cada día.
Se
llamará Rigoberta, porque nació el día de San Rigoberto,
sentenció el secretario. Y a partir de ese momento, me llamé
Rigoberta.
Mi papá regresó a la casa con la novedad
de que yo había cambiado de nombre. ¿Y ahora cómo se llama?,
le preguntaron. Ahora se llama Rigoberta. Todos se
quedaron desconcertados.
Entonces trataron de pronunciar el nuevo
nombre, pero es un nombre un poco largo. Ri-go-ber-ta es tan
largo como el camino que lleva a la ciudad. Por eso me
comenzaron a llamar Beta por aquí, Beta por allá. Otros me
decían Tita. Cuando se cansaron, regresaron a mi nombre de
antes: Laj M´in,
en
casa todos me llamaban M´in.
M´in, entonces, no imaginaba que un día
sería Rigoberta Menchú y que recibiría el Premio Nóbel
de la Paz por su lucha incansable contra la injusticia, el
sufrimiento y el dolor de sus hermanos los indígenas
|