SE APROXIMA




 


 

 

martes, 23 agosto 2005


Rigoberta Menchú: la niña de Chimel

Rafaela Valerino
Fotos: Archivo  
  
 

La Niña de Chimel es hoy Premio Nóbel de la Paz

 La Casa Editora Abril publicó, por primera vez en Cuba–desde las lejanas tierras mayas-, la historia de una niña llamada Li M´in, que vivía en Chimel, un poblado de Guatemala al pie de una montaña que es como una almohada en la cual se recuesta el pueblo.

 

Mientras crecía, la pequeña Li M´in entraba en contacto con el bosque y las plantas, y conocía a los animales de su tierra, así como el espíritu nawal (ese doble de nuestro Yo que cada ser humano posee, según la tradición indígena).

 

La niña de Chimel,  como se titula este libro , es una historia contada a cuatro manos por su protagonista Rigoberta Menchú Tum, con su amigo Dante Liano (también guatemalteco y escritor). En ella se recrean narraciones fascinantes de las que cuentan,  los abuelos: como la de los dos niños que custodiaban el campo mágico de maíz; o aquella del hombrecito que les trenzaba la cola a los caballos; o la historia increíble del río que cambió su rumbo.

 

A continuación te ofrecemos un fragmento de este bello libro, escrito con la sencillez de una mujer de pueblo, pero a la vez con la poesía de quien conoce bien la vida:

 

 La historia de mi nombre

 

Ahora les diré un secreto: yo no me llamo Rigoberta. Sé que algunos se podrán reír, porque he comenzado diciendo : Me llamo Rigoberta. En realidad, me llamo Rigoberta y no me llamo Rigoberta. Para aclarar este misterio, comencemos por el principio.

 

Cuando yo nací, mis padres me pusieron el nombre de mi abuela. Yo fui la sexta hija, y mis padres me llamaron Laj M´in, como mi abuela. Mi nombre va cambiando conmigo: Laj M´in cuando era pequeñita; Li M´in cuando todavía no alcanzo la madurez completa, o cuando todavía no llego a alguna sabiduría. Y cuando sea más respetada y tenga alguna sabiduría de la vida me llamarán Chuch M´in. Hasta ahora no soy Chuch M´in.

 

M´in es un nombre bonito. No está bien que lo diga, pero me gusta. M´in es una forma de decir domingo, es un día tranquilo y despejado, el día de la semana en que hay fiesta. Llamarse así significa lo mejor de la vida: el sol, no tener la obligación de trabajar, el cielo azul, los juegos todo el día, un gran almuerzo en el centro, no tener preocupaciones. El domingo es un día solar, alegre, juguetón. Por eso mi carácter verdadero debería ser así... Yo disfruto mucho la vida. Me río mucho, hago muchas bromas, digo chistes, soy optimista, y creo que el bien puede vencer al mal. Es que me llamo Li M´in.

 

Mi padre tardó algunos días en ir a la Municipalidad a registrar mi nombre. Cuando llegó, el secretario  municipal le dijo:Rigoberta Menchú

 

 ¿Qué nombre le piensa poner a su hija?

 M´in..

El secretario no estaba acostumbrado a oír un nombre como ese. Arrugó el entrecejo, movió los bigotes, se ajustó las gafas y le contestó:

 

 Ese nombre no existe, señor Vicente,  (porque mi papá se llamaba Vicente).

 

Se pasaron toda la mañana discutiendo. Sí existe, decía mi papá. No existe, decía el secretario. Hasta que al final, con tal de cumplir con la ley, mi papá cedió. Muy bien. M´in no existe. Entonces, ¿qué nombre le pondremos?.

 

El secretario se levantó de su silla y fue a examinar el calendario, que no era el de ese año, pero tenía bonitas ilustraciones y, lo que era más importante, tenía los nombres de los santos de cada día.

 

 Se llamará Rigoberta, porque nació el día de San Rigoberto, sentenció el secretario. Y a partir de ese momento, me llamé Rigoberta.

 

Mi papá regresó a la casa con la novedad de que yo había cambiado de nombre. ¿Y ahora cómo se llama?, le preguntaron. Ahora se llama Rigoberta. Todos se quedaron desconcertados.

 

Entonces trataron de pronunciar el nuevo nombre, pero es un nombre un poco largo. Ri-go-ber-ta es tan largo como el camino que lleva a la ciudad. Por eso me comenzaron a llamar Beta por aquí, Beta por allá. Otros me decían Tita. Cuando se cansaron, regresaron a mi nombre de antes: Laj M´in,  en casa todos me llamaban M´in.

 

M´in, entonces, no imaginaba que un día sería Rigoberta Menchú y que recibiría el Premio Nóbel de la Paz por su lucha incansable contra la injusticia, el sufrimiento y el dolor de sus hermanos los indígenas

 

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