jueves agosto 25, 2005 06:33


Historia del abanico

Leida Creagh  
Fotos: Archivo

Muchos pueblos de la antigüedad usaron el abanico con el fin de mitigar los rigores del clima y también por otras razones de índole jerárquico, ceremonial u ornamental. Por ejemplo, los egipcios, hindúes y chinos no usaban el abanico tal y como lo conoces, sino que emplearon varios de los recursos de la naturaleza tales como hojas de palmera, con un mango de bambú o de caña.

 

Igualmente, los incas del Perú acostumbraban ofrendar a sus dioses abanicos de gran riqueza y elaboración, y existen documentos en los que consta que los aztecas, de México, obsequiaron a Hernán Cortés seis abanicos de plumas, provistos de un rico y trabajado varillaje.

 

En la antigua Grecia, los recién casados abanicaban a sus jóvenes esposas mientras éstas dormían, lo cual era tomado como una extraordinaria muestra de consideración conyugal. Por otra parte, en Roma estos artilugios alcanzaron categoría de joyas y formaban parte del equipo de las damas más encumbradas.

 

Durante la Edad Media se fabricaban abanicos con plumas de faisán, avestruz, papagayo o pavo real, sujetas a un mango de oro labrado o adornado con incrustaciones de piedras preciosas.

 

Variedades de abanicos se han producido en el mundo entero hasta nuestros días, siguiendo las distintas modas y costumbres, pero siempre apegados a su importante misión de ahuyentar el calor.

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