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Historia
del abanico
Leida
Creagh
Fotos: Archivo
Muchos
pueblos de la antigüedad usaron el abanico con el fin de
mitigar los rigores del clima y
también por otras razones de índole jerárquico, ceremonial
u ornamental. Por ejemplo, los egipcios, hindúes y chinos
no usaban el abanico tal y como lo conoces, sino que
emplearon varios de los recursos de la naturaleza tales
como hojas de palmera, con un mango de bambú o de caña.
Igualmente, los incas del
Perú acostumbraban ofrendar a sus dioses abanicos de gran
riqueza y elaboración, y existen documentos en los que
consta que los aztecas, de México, obsequiaron a Hernán
Cortés seis abanicos de plumas,
provistos de un rico y trabajado varillaje.
En la antigua Grecia, los
recién casados abanicaban a sus jóvenes esposas mientras
éstas dormían, lo cual era tomado como una extraordinaria
muestra de consideración conyugal. Por otra parte, en Roma
estos artilugios alcanzaron categoría de joyas y formaban
parte del equipo de las damas más
encumbradas.
Durante la Edad Media se
fabricaban abanicos con plumas de faisán, avestruz,
papagayo o pavo real, sujetas a un mango de oro labrado o
adornado con incrustaciones de piedras preciosas.
Variedades de abanicos se
han producido en el mundo entero hasta nuestros días,
siguiendo las distintas modas y costumbres, pero siempre
apegados a su importante misión de ahuyentar el calor.
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