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Una
antigua y fragante historia
Olga Pérez
Fotos: Ricardo
Aunque
todavía se desconoce quién fue
el primero en dar vida al
perfume, las investigaciones arqueológicas han demostrado
que la invención de esta sustancia provenía del lejano
Oriente.
Cuenta la historia que las
damas más importantes de Egipto llevaban consigo pequeños
pomos de esencias aromáticas con las cuales se untaban la
piel que, dicho sea de paso, cuidaban con esmero.
Con el tiempo, la
fabricación del perfume fue variando, y así, por ejemplo, en
el siglo VIII los árabes, tras descubrir cómo obtener
alcohol, diluyeron en este los aceites y resinas olorosas
que hasta ese momento habían sido
legítimos perfumes. De esa nueva mezcla surgieron otras
sustancias, como los extractos, mucho más finos y de mayor
calidad. Durante el siglo XV se originó en Europa la
perfumería clásica, en la cual Francia ocupó el primer
lugar.
Hasta nuestros días, la
búsqueda de un aroma específico puede tomar años, pues las
sustancias deben probarse y combinarse una y otra vez,
mediante la delicada labor del perfumista, un especialista
que solamente puede trabajar temprano en la mañana y no más
de dos horas, ya que la percepción de olores va decayendo
según transcurre el día.
Para la creación de
productos de alta calidad debe disponerse de componentes
muchas veces raros y difíciles de conseguir, lo que ha
llevado a los científicos a buscar sustitutos más baratos.
No obstante, existe una gama de exquisitas fragancias
para todos los gustos, tanto en extractos como en colonias y
agua de tocador, que tan agradable sensación dan si se
aplican después de un buen baño veraniego.
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