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10 de diciembre de 1902: Nace Dulce María Loynaz

Jueves, 21 Diciembre 2017
La más grande escritora cubana del siglo XX comenzó a escribir con solo diez años de edad.

Nació en La Habana, el 10 de diciembre de 1902.
Fue nombrada María Mercedes Loynaz y Muñoz, pero se le conoce, desde la infancia, como Dulce María.
Con solo diez años comenzó a escribir y a los 17 años, aparecen publicados sus poemas “Invierno de almas” y “Vesperal” en el periódico “La Nación”.
Es conocida como la más grande escritora cubana del siglo XX, galardonada con el Premio Nacional de Literatura en 1987, y con el Premio Miguel de Cervantes en 1992. En la casona que habitó entre 1947 y 1997, ubicada en la esquina de las calles 19 y E, en El Vedado, funciona desde el 5 de febrero de 2005 el Centro Cultural Dulce María Loynaz.
Hija del general del Ejército Libertador Enrique Loynaz y del Castillo, autor de la letra del Himno Invasor, y de la cubana María de las Mercedes Muñoz Sañudo, aficionada al canto, la pintura y el piano.
Estas influencias despertaron en la niña una gran pasión por la poesía y otras artes. Sus hermanos todos fueron poetas. Dulce María y Enrique se graduarían como abogados en la Universidad de La Habana.Con 24 años de edad, Dulce María se doctoró en Derecho Civil en la Universidad de La Habana, profesión que ejerció hasta 1961, siempre vinculada a asuntos de familia.
En la década del 30 se vincula con grandes figuras del mundo hispanoamericano como Federico García Lorca quien a su llegada a Cuba inicia amistad con la familia Loynaz-Muñoz.
En una actitud que siempre mantuvo hasta el fin de sus días, convirtió su casa en centro de la vida cultural habanera, en las llamadas “Juevinas” (las más afamadas tertulias literarias cubanas desde aquellas organizadas en el Siglo XIX por Domingo del Monte) donde acogió a gran parte de la intelectualidad del momento.
A fines de los cincuenta va dejando de escribir poesía y a inicios de los sesenta rompe sus compromisos editoriales. En 1960 realiza un corto viaje a Estados Unidos y al año siguiente deja de ejercer la abogacía. Apenas realiza actividades públicas, excepto las vinculadas con la Academia Cubana de la Lengua (ACL).
Desde el momento de la fundación de la ACL, la tarea esencial de esta institución, al igual que sus pares de otros países hispanohablantes sería colaborar con su casa matriz, la Real Academia de la Lengua Española, en la elaboración del Diccionario y la Gramática, e informarla permanentemente del estado de la lengua en cada región. 
Dulce María fue electa en 1959 como miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua. A partir de entonces lleva a cabo una fructífera labor intelectual, impartiendo conferencias y disertaciones como la realizada en 1963, en el Ateneo de La Habana sobre
Julián del Casal, en ocasión de su Centenario.
Al cumplirse el 60 aniversario de la institución le corresponde a Dulce María el honor de pronunciar el discurso conmemorativo. Esta institución posteriormente, en el año 1988 reconoce su trabajo nombrándola Presidenta honoraria de la Academia Cubana de la Lengua Española. Allí sigue brindando su esfuerzo y su saber enciclopédico hasta que en el año 1995, atendiendo a su delicado estado de salud se despide oficialmente de la Academia Cubana de la Lengua, de la que es nombrada en ese momento Presidenta Honoraria y Perpetua.
Dulce María Loynaz fue nominada en dos oportunidades por la Real Academia de la Lengua Española como candidata al Premio Cervantes, primero en 1984, ocasión en que resultó merecedor del lauro el argentino Ernesto Sábato y posteriormente en 1987, año en que el reconocimiento recae en el mexicano Carlos Fuentes.
Su obra literaria revela la maestría en el manejo del castellano, decantación del lenguaje, poder de síntesis, claridad, sencillez y sobriedad en la expresión lírica. Estas y otras facetas fueron
Su obra literaria revela la maestría en el manejo del castellano, decantación del lenguaje, poder de síntesis, claridad, sencillez y sobriedad en la expresión lírica. Estas y otras facetas fueron valoradas para definitivamente otorgarle, el 5 de noviembre de 1992, el Premio de Literatura Miguel de Cervantes Saavedra.
Su obra se impuso a la de otros ilustres e igualmente merecedores candidatos.
En1993 viajó a España a recibir de manos del Rey Juan Carlos I el Premio “Miguel de Cervantes”, y allí le otorgan la Orden “Isabel La Católica” y el Premio “Federico García Lorca”.
Tanto en Cuba como internacionalmente se suceden los homenajes y reconocimientos a la vida y obra de Dulce María: En el año 1992, vio la luz Fe de vida, su última obra, entregada años atrás a su amigo Aldo Martínez Malo, con la condición de que solo se conociera cuando hubiese cumplido 90 años, o después de su muerte.
Fue publicada por Ediciones Hnos. Loynaz, en ocasión de celebrarse en Pinar del Río, el I Encuentro Iberoamericano sobre su vida y obra, donde se le rinde homenaje por el premio obtenido y por sus 90 años.
También en el año 1993 se realiza en Pinar del Rio, organizado por el Centro Hermanos Loynaz el I Encuentro Iberoamericano sobre su vida y obra. La ciudad de Santiago de Cuba le concede la Placa de Reconocimiento “José María Heredia”.
Al amanecer del día 27 de abril de 1997, a los 94 años y afectada por el cáncer, falleció en su antigua mansión de la barriada de El Vedado.
 

Dulce María Loynaz, conocida como la más grande escritora cubana del siglo XX.
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