Jueves, 20 de Septiembre de 2018 - 10:50 am

Simplemente Andrea

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Publicado: 
Lunes, 6 Agosto 2018
Imágenes: 
Ismael Almeida
Andrea Doimeadiós hija del también actor Osvaldo Doimeadiós.

Como a Geraldine Chaplin —la hija de Charles Chaplin— a Andrea Doimeadiós casi todos le preguntan por su padre, el
también actor Osvaldo Doimeadiós. Pero no le molesta, al contrario, como la Chaplin responde: “Sí, soy yo, su hija. Muy feliz de serlo”. Andrea es una joven talentosa, elocuente y audaz en lo que hace.

Comparte su carrera de actriz con la de escritora. Marcada por una adolescencia —a la que ella califica de cruel— Andrea
confiesa que siempre fue la “rara del aula”.

La que prefería leer antes que ir a una fiesta. Desde entonces no ha sido fácil lidiar con la timidez y la actuación, sobre
todo porque las personas no conciben una actriz timorata.

El humor y el teatro dramático le interesan, pero también disfruta de la tranquilidad de su casa, su gato, la familia y los amigos. Durante cinco años integró la compañía teatral El Público, dirigida por Carlos Díaz, a quien le debe su pasión por Chéjov. En el 2017 recibió el premio Aquelarre al mejor guion por su obra La cita ¡Pero no digo más… conozcamos un poco de Andrea!

¿Es verdad que de adolescente eras una muchacha muy tímida?

“Sí, es cierto. Sufrí mucho en la secundaria porque me sentía mal en la escuela. Era la muchacha rara del aula. No
encontraba a nadie que tuviera las mismas inquietudes que yo. Para mí era más interesante ir al teatro, leer, escribir que
estar en una fiesta escuchando reguetón.

Me sentía muy sola. De hecho, en noveno grado estaba insegura si presentarme a las pruebas de actuación de la Escuela Nacional de Arte (ENA) o no. Creía que esa timidez podía ser un impedimento para la interpretación.

Finalmente entré a la escuela y allí fui feliz. Encontré a personas que escuchaban la misma música que yo, les gustaba el
teatro, teníamos aspiraciones similares. Fue maravilloso saber que había gente de mi generación para compartir ideas,
inquietudes y sueños”.

Entonces...¿el teatro te ayudó a lidiar con esa timidez?

“Sigo siendo tímida. Creo que es un tabú. Algunos piensan que los actores, por naturaleza, somos muy desinhibidos o
desenfadados, lo cual es un error porque constante. Es como un tren que no puede parar. Detenerse es ir atrás. Se trata de crear. Mantenerse vivo. Hubo una etapa en que estaba en un solo proyecto y no demandaba mucho de mí; entonces
aproveché para escribir La cita.

Uno se acostumbra a trabajar. No se debe esperar a que llegue algo porque pueden pasar años. Ese es, quizás, el problema de los actores. Nosotros dependemos de un director para tener oportunidades. Pero creo que es malo que el artista se acomode a lo que quieren otros. Hay que ser más independiente. Existen muchos actores talentosos que no tienen trabajo. Es bien complejo, son muchos factores que influyen en que eso suceda. Hay que seguir creando. En mi caso siempre escribo y busco el apoyo de instituciones como el Centro Promotor delHumor para defender mi idea”.

Hablemos de Ana, tu primer personaje en la película El techo, de Patricia Ramos…¿Cómo llegas a él?

“A El techo llego por casting. Fui como tantos otros. A veces no es solo el talento, también el director puede buscar
determinados rasgos físicos para su personaje, en fin.

Francamente me sorprendió muchísimo que escogieran a Enmanuel Galbán —quien era mi pareja en ese entonces— y
a mí. Teníamos una química muy especial.

Una cosa es el trabajo y otra la personalidad. Cuando estoy en lugares públicos prefiero pasar desapercibida, no ser el centro de atención. Les tengo un poco de temor a los sitios con mucha gente y eso no tiene nada que ver con el teatro.
Soy así”.

Recuerdas la primera vez que fuiste al teatro. ¿Qué viste, con quién fuiste, qué edad tenías? “No recuerdo exactamente porque desde pequeña mis padres me llevaron al teatro. Fue algo que siempre estuvo en mi vida. Pero sí te pudiera decir una obra que nunca olvidaré y es Ícaro, de la compañía teatral El Público. Recuerdo lo grandioso que era todo: el diseño escenográfico, los personajes, los actores, la música. Me impactó mucho, digamos que era muy espectacular”.

¿Cine, televisión o teatro?

“Todos los medios son importantes. El actor se hace en la práctica y el estudioy era nuestro primer protagónico juntos en el cine.

Ana es una muchacha que no tiene esperanzas. Vive sola, está embarazada y no sabe quién es el padre. Creo que no
hay que dar muchas explicaciones, existen varias adolescentes como Ana.

Su directora nos quería hablar de una generación a la que pertenezco a pesar de no compartir ese estilo de vida. Son
jóvenes que no tienen rumbo, que están a la espera de algo.

Fue un proceso hermoso. Siempre lo voy a decir: El Techo fue el trabajo más hermoso que he hecho hasta ahora. La
buena energía, la empatía y excelente comunicación que logró Patricia Ramos, su directora, junto a Humberto Jiménez,
el productor, fue increíble. Éramos muy libres. Me dejé llevar. Fue un punto importante para el inicio de nuestras
carreras”.

El humor y Andrea... ¿hija de gato caza ratón?

“Sin darme cuenta. Estos textos los escribí en momentos de ocio, sin el afán de enseñárselos a alguien. Eran para mi
consumo, hasta que los leyó mi padre, unos amigos y finalmente llegó a manos de Laidi Fernández de Juan. Me invitó a
su peña y los leí junto a mi amiga Venecia Feria, quien interpreta conmigo la obra.

A partir de ahí decidimos hacer la puesta en escena y hemos tenido una acogida increíble en La Habana y los demás sitios
del país donde nos presentamos.

La cita es un espectáculo con un humor muy teatral. Se cuidan mucho los referentes culturales. No es ir al chiste
fácil. En este momento me interesa profundizar en el humor. Soy amiga de muchos humoristas y es un trabajo que he
disfrutado increíblemente. En ese sentido ha resultado fácil compartir con personas afines a lo que hago”.

De Doimeadiós a Doimeadiós

“Fue muy difícil, sobre todo cuando estaba en la ENA. Entiendo la presión que deben sentir los hijos de artistas.
Tienes una gran responsabilidad. Nosotros cargamos con un apellido que merece respeto, pero eso no significa que estemos obligados a tener los mismos resultados que esa persona. En mi caso empecé siendo una niña asustadiza que se paraba en el escenario y aprendía cosas.

La primera etapa fue como de rebeldía. Traté de ser lo más independiente que pude de mi padre para poder defenderme de esos criterios ajenos que me comparaban todo el tiempo. Había compañeros de trabajo que eran crueles en ese sentido.

Ahora ha cambiado la perspectiva. Una se da cuenta de que es una bendición tener ese apellido. Mi padre es mi maestro, mi mayor referente. Lo que vale es que el padre y la hija van juntos en un mismo camino.

Cada uno con sus intereses, respetando las diferencias, pero siempre tiene que haber un lugar común entre los dos. De mi lado está el respeto y el aprendizaje constante. Estoy muy orgullosa de ser su hija”.

¿Cuál es el personaje que quisieras interpretar?

“Ofelia, de Shakespeare”.

¿Te gustaría dirigir o tener tu propia compañía?

“A mí no me interesa la dirección hasta este momento. Quizá lo estoy viendo con una mirada de aprendizaje, o sea, no
me siento preparada para dirigir a otros. Al contrario, estoy absorbiendo de los maestros y aprendiendo. En un futuro
cercano —te diría que bastante próximo— sí está el interés de seguir escribiendo humor y poder llegar a tener un proyecto
propio. Defender el humor teatral es una cosa más mía. Tener y crear un equipo de trabajo que le interese defender lo mismo y continuar ese camino. Y, ¿por qué no?, tener un espacio en el teatro”.

 

Andrea Doimeadiós, escritora y actriz.
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