Viernes, 21 de Septiembre de 2018 - 6:37 am

Un cubano en el cosmos

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Publicado: 
Martes, 1 Julio 2014
Por: 
María Luisa García Moreno
María Luisa García Moreno
Portada del libro "Un cubano en el cosmos", de la autoría del general de brigada Arnaldo Tamayo Méndez.

Un cubano en el cosmos, de la autoría del general de brigada Arnaldo Tamayo Méndez, es un libro de bella factura y cuidadosa edición realizado por la Editorial Verde Olivo. Cuenta la historia de nuestro cosmonauta, desde su humilde nacimiento en Guantánamo; su incorporación a la Brigadas Juveniles de Trabajo Revolucionario Camilo Cienfuegos (BJTR), su riguroso entrenamiento en esta fuerza, su escalada al Pico Turquino (¡cinco veces!), su contribución a la repoblación forestal; su presentación al chequeo médico para entrenarse como piloto de guerra, en el que resultó no apto por padecer astigmatismo, y la casualidad que le permitió, a pesar de ello, graduarse como tal en la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

No habías nacido y no tuviste la dicha de vibrar de emoción en aquellos días de septiembre de 1980 cuando se realizaba el vuelo conjunto URSS-Cuba, de Arnaldo Tamayo Méndez y Yuri V. Romanenko. Ahora puedes conocer los detalles de esa epopeya a través de la narración de su protagonista.

Sin embargo, este interesantísimo relato es apenas la introducción; a partir de aquí, Tamayo se refiere a diversas misiones cósmicas, muchas de ellas fallidas, realizadas por soviéticos y norteamericanos, y al proyecto socialista para extender la experiencia a otras naciones; cuenta quiénes fueron y cómo se integró el grupo de pilotos cubanos que viajó a la URSS para someterse a un riguroso entrenamiento que decidiría quién sería el que estaría en el vuelo espacial; cómo se desarrolló dicho entrenamiento y, sobre todo, cómo fue su visita al cosmos.

Habla de las hondas raíces de hermandad surgidas entre cubanos y soviéticos y, en particular, entre él y Romanenko; de lo bello que se ve nuestro planeta desde el espacio estelar. Y, ¡claro! narra con intensa emoción el regreso y el recibimiento de que fueron objeto él y su hermano ruso, en la URSS y en Cuba. Pero la gloria de su hazaña no ha cambiado al Héroe de la República de Cuba; Tamayo es aún el guajiro guantanamero, el joven combatiente; un cubano rellollo, chistoso y ocurrente, por lo que las varias presentaciones de su libro han resultado un conversatorio ameno y singular.

La hora fijada para el lanzamiento —22:11, hora de Moscú y 15:11 de Cuba— se aproximaba e incrementaba la lógica tensión; no obstante, a solo cinco minutos de la hora cero, una nota de humor emergió, cuando, por el monitor de la nave, vi a mi compañero José Armando* en el puesto de mando. Ahí mismo le dije por la comunicación interna: ¡Oye, José, tú no te apures! De lo que tú sabes que hay allá en el escaparate, guárdame un poquito para cuando yo regrese. De eso se enteró todo el mundo, no hubo secreto, porque unos minutos antes todas las comunicaciones habían pasado automáticamente al régimen sincronizado.

Según los psicólogos, mi jarana resultó muestra de seguridad y confianza en el regreso; reflejó que la tripulación estaba emocionalmente equilibrada.

 

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