Martes, 25 de Septiembre de 2018 - 8:57 am

Un explorador de mitos

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Publicado: 
Domingo, 14 Septiembre 2014
Por: 
Katina Herrera Ponce
Katina Herrera Ponce
Imágenes: 
Tomadas de Internet
El mito de Yumurí

Samuel Feijóo Rodríguez pudiera catalogarse, sin dudas, como el personaje más versátil de nuestra cultura en el siglo XX. Fue un estudioso apasionado del folclor cubano, tema que lo llevó a recorrer campos, pueblos y bateyes en busca de mitos, leyendas y tradiciones populares. A ese afán se deben textos sumamente valiosos e imprescindibles para el estudio de la cultura popular en Cuba, como Mitología cubana (1980), publicada por la editorial Letras Cubanas en una tercera edición en el año 2007. En este libro se recogen los mitos creados al puro auxilio de la fabulación espontánea, y, a veces, con el vigor creativo de la bella fantasía humana, o bien surgiendo de una realidad cubierta de innúmeras versiones. Las mitologías pertenecen al acervo de la cultura universal, por el arte hondo de su fuerza creadora, si es logrado.

Precisamente de la Mitología cubana te regalamos el mito de Yumurí, que da nombre al río que riega Matanzas y con el cual nuestra publicación le rinde homenaje a Feijóo en el centenario de su nacimiento.

Yumurí y Albahoa se amaban, pero el padre de Albahoa, Guananey, ordenó a su hija casarse con Canasí. Albahoa le hizo saber todo esto a su amado por medio de su fiel esclavo Naguao. Cuando se iba a celebrar la boda de Albahoa con Canasí, Yumurí fue avisado por Naguao del acontecimiento, y montado en una canoa se dirigió donde su amada para rescatarla, al caserío de Guananey. Yumurí, por precaución, dejó la canoa donde el río Babonao se encajona entre altas paredes. Y solo, siguiendo un sendero, se encaminó hacía el caserío de Guananey. Alhahoa estaba alerta, sabía el proyecto de fuga de Yumurí por el bondadoso Naguao. Los guerreros de Canasí y de Guananey, emborrachados con nicha (bebida hecha con maíz y raíces fermentadas) se entregaban a la danza. De pronto, Albahoa oyó tres graznidos de lechuza: era la señal. Abandonó el poblado. Allá estaba esperándola Yumurí. Pero había sido vista. Un guerrero dio la alarma. Albahoa y Yumurí, agarrados de la mano, echaron a correr. Eran perseguidos. La carrera se hizo cada vez más rápida. Albahoa tropezó, una piedra no vista le había lastimado un pie. Ya no podía correr. Sus perseguidores se acercaban. No había tiempo que perder: Yumurí tomó en sus brazos a Albahoa y siguió corriendo... La distancia que los separaba de los perseguidores fue disminuyendo... Iban a ser alcanzados. Yumurí comprendió que no le era posible llegar donde la canoa. Era necesario cruzar el río. A todo correr se acercó a la parte del valle en que éste se estrecha para formar una garganta de piedra. Allí el río era cenagoso. Había muchos mangles, ellos le prestarían apoyo para pasar. Y saltó con la amada en brazos. Y los primeros mangles resistieron el peso de los dos cuerpos. Ya estaban en el centro de la ciénaga del río. Allá en la orilla quedaban los perseguidores que no se atrevían a seguirlos. Los manglares crujían, se debilitaban. Yumurí pisó el fango. En un silencio enorme, terrible; se hundían. Se hundían. Albahoa, abrazaba a Yumurí, desapareció en el fango. Y todos, desde aquella noche trágica, llamaron al río Babonao el río de Yumurí.
 
 

Samuel Feijóo Rodríguez, el personaje más versátil de nuestra cultura en el siglo XX. Fue un estudioso apasionado del folclor cubano, tema que lo llevó a recorrer campos, pueblos y bateyes en busca de mitos, leyendas y tradiciones populares.
Samuel Feijóo Rodríguez, el personaje más versátil de nuestra cultura en el siglo XX. Fue un estudioso apasionado del folclor cubano, tema que lo llevó a recorrer campos, pueblos y bateyes en busca de mitos, leyendas y tradiciones populares.
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