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Un auténtico
cubano
Margarita Hernández Salgado
Si
vas por las calles de La Habana, la capital de todos los
cubanos, verás, como parte del Proyecto Identidad, vallas que
simbolizan cada uno de sus municipios.
Pero… hay una que llama poderosamente nuestra
atención, la del territorio más poblado de la ciudad, 10 de
Octubre, porque en ella se mezcla nuestra historia colonial y la
más reciente; dándonos la bienvenida, están la iglesia de Jesús
del Monte y la carismática imagen de Camilo Cienfuegos, cada una
encarna, en su época, la rebeldía de esta tierra.
Camilo, figura entrañable para los cubanos, a
pesar de su breve vida, ha dejado, para orgullo nuestro una
huella imperecedera, que resume lo mejor de nuestro pueblo:
fidelidad, entrega, pasión, alegría, aún en los momentos más
difíciles. Evocar su imagen significa ante todo vislumbrar su
auténtica sonrisa.
Este mes de octubre, cuando se cumple un año más
de su desaparición física y de haber pronunciado su último
discurso, donde reafirmó su patriotismo e inmortalizó los versos
de Bonifacio Byrne, del poema A mi bandera, queremos
recordarlo así, con la alegría contagiosa que lo caracterizó y
por la que luchó, por su humildad, al no olvidarse de sus
raíces. En los momentos que alcanzó el reconocimiento de todo un
pueblo, volvió a las calles de su patria chica que lo vieron
nacer y crecer, a ver al amigo, al vecino, a la enamorada de
otros tiempos.
Su sonrisa nos reafirma, nos convoca, es un
llamado perenne a cumplir con el momento histórico que nos ha
tocado vivir y que a pesar de los pesares no perdamos lo que nos
distingue como nación y de lo cual es el hombre de la gran
sonrisa y el sombrero alón” su representante más legítimo.
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